15 julio 2009

Amanece, que no es poco (3): Álvarez (Chus Lampreave) - Miguel Ángel Muñoz.

Hoy, mi texto-homenaje a la genial Chus Lampreave, que Dios y Almodóvar la conserve muchos años. Por cierto, es medio paisana porque pasa parte del año aquí en Almería con un familiar, por lo que no es difícil cruzársela en el Alcampo de la capital, haciendo sus compras, o en sitios aún más inverosímiles. Ea, si venís por aquí de vacaciones quizás tengáis suerte.



video

14 julio 2009

Amanece, que no es poco (2): Jimmy (Luis Ciges) - Antonio García Fernández.

El primer texto, de Antonio García Fernández, Sr. Curri, estaba dedicado al personaje más entrañable de "Amanece, que no es poco", Jimmy, interpretado por Luis Ciges. Aquí está el texto y una selección de escenas de la película con Ciges. Por cierto, que la incorrección política de la película hace que cueste imaginársela estrenada hoy en un cine sin suavizar determinados argumentos que podrían levantar las iras de muchos/as. El tiempo pasa, y no siempre para mejor. O sí.



13 julio 2009

Amanece, que no es poco. Banderínes del Zaguán.


El pasado 30 de junio tuvo lugar en esta rescondiita Almería aún no conectada por AVE un acto singular de textos plurales. Convocados por el Sr. Curri -Antonio García Fernández según partida de bautismo nunca incorporada a sus numerosos proyectos- nos reunimos en el pub Zaguán un puñado de amigos para homenajear, al igual que el año pasado con Paris-Texas -por cierto, el sr. Curri me contó como en un reciente viaje a Berlín logró dejar en manos del camarero de un hotel a cuya cafetería acude a diario Wenders ejemplares de aquel banderín, (que también me consta ha viajado por el estado de Colorado (EEUU)), con el compromiso de que se lo haría llegar al director apenas pasase por allí- a una película de culto. Este año la elegida por el sr. Curri ha sido "Amanece, que no es poco", de José Luis Cuerda, de cuyo estreno se acaba de cumplir veinte añitos.
Contaré poco de la gala. El poeta Raúl Quinto, que tras su exitoso poemario "La flor de la tortura", en Renacimiento, con muy buenas críticas, tiene libro en camino -como está en pleno parto, sólo cabe darle todo el ánimo en el trecho final-, incluyó en su blog una crónica descacharrante del acto, y es que el acto fue exótico, por celebrarse en Almería, y surrealista, en homenaje fiel a la película. Los videos no entraban a tiempo, no subíamos a leer cuando debíamos, sino un poco antes o un poco después, las risas eran continuas y no sólo por las imágenes de la peli que se proyectaban tras nosotros, y que a veces fallaron. La presentación la llevó a cabo con profesionalidad y resuelta a vencer todos los contratiempos la actriz Merche Murcia y la música corrió a cargo de los guitarristas Liborio López y Jesús Masero. En definitiva, un acto poético de auténtico absurdo que intentó estar a la altura de la peli. Lo pasamos genial y creo que el público también.
Los textos son de Antonio García Fernández, que dedicó su texto al personaje de Luis Ciges, Raúl Quinto, que leyó una poesía sobre el personaje de Quique San Francisco, afectado de un grave problema de despersonalización, mientras la poeta y periodista Miriam Buil, hizo lo propio con el personaje Nge Ndomo, mi hijo, es decir, de Chus Lampreave, a la que dediqué mi texto-homenaje. En definitiva, homenajes y buenas palabras para una película de la que mucha gente se sabe diálogos enteros. Durante estos días iré publicando los textos de la velada. Hoy, los créditos iniciales y finales. Mañana, más.
(Pinchad sobre las imágenes para verlas con mejor calidad).


11 julio 2009

Crítica de Marta Aponte Alsina.

La escritora Marta Aponte Alsina, una de las voces literarias más importantes de Puerto Rico, de la que aquí se comentó su fabulosa novela "Sexto sueño", que publicó el año pasado Veintisiete letras -animo de nuevo a leerla- escribe en su blog "Angélica furiosa" un texto sobre Quédate donde estás. Me apetece compartirlo con vosotros, y agradecer a Marta la lectura que ha hecho del libro.

08 julio 2009

Setenil 2009.

Ya se conoce la lista de los libros presentados este año al Premio Setenil, que se concede a un libro de relatos. Este año el jurado está presidido por Javier Tomeo. Se ha logrado un récord de participación, 74 participantes cuando normalmente el número rondaba los cincuenta. Creo que más por creciente interés en participar que porque haya aumentado la producción cuentística ete año. O por ambas cosas, quién sabe. El premio se fallará a primeros de noviembre.

Ayuntamiento de Molina de Segura – Concejalía de Cultura
Relación de títulos presentados al VI Premio Setenil 2009

1 “Oficios” Juan Carlos Márquez - Castalia
2 “Cenizas” Gonzalo Calcedo Juanes - Pre-Textos
3 “Aeropuerto de Funchal” Ignacio Martínez de Pisón - Seix-Barral
4 “Tanta gente sola” Juan Bonilla - Seix-Barral
5 “La soledad de los ventrílocuos” Matías Candeira - Tropo Editores
6 “Cuatro veces fuego” Lara Moreno - Tropo Editores
7 “Malas influencias” Sergio del Molino - Tropo Editores
8 “No hay derecho” Francisco Pérez de los Cobos - ElCobre
9 “La sobriedad del galápago” Sara Mesa - Diputación de Badajoz
10 “Tic-tac” Diego Arboleda - Diputación de Badajoz
11 “A sus pies” Antonio Capel Riera - Diego Marín Editor
12 “Sicilia, invierno” Ignacio Ferrando - JdeJ Editores
13 “El espacio alrededor” Arturo Enríquez - de la luna libros
14 “Los objetos nos llaman” Juan José Millás - Seix-Barral
15 “Cuentos en la plazuela” Sagrario Núñez - Sial Ediciones
16 “Cuaderno escolar” Juan Ramón Santos - Ed. Regional Extremadura
17 “La despedida” Javier Morales Ortiz - Ed. Regional Extremadura
18 “Con la soga al cuello” Flavia Company - Páginas de Espuma
19 “Propuesta imposible” Javier Sáez de Ibarra - Páginas de Espuma
20 “Las puertas de lo posible” José María Merino - Páginas de Espuma
21 “El trabajo os hará libres” Espido Freire - Páginas de Espuma
22 “Quédate donde estás” Miguel Ángel Muñoz - Páginas de Espuma
23 “Con tal de no morir” Vicente Molina Foix - Anagrama
24 “Contento del mundo” José Sánchez Pedrosa - Ediciones del Viento
25 “El cuarto de los niños” Ángel Vázquez - Pre-Textos
26 “Devoradores” Antonio Pomet -Pre-Textos
27 “El boxeador polaco” Eduardo Halfon - Pre-Textos
28 “Historias de Villa Germelina” Nicanor Gil - de la luna libros
29 “Nosotros, todos nosotros” Víctor García Antón - Gens
30 “Cartografía del desamor” Nacho Albert Bordillo - Diputación de Cáceres
31 “Submáquina” Esther García Llovet - Salto de Página
32 “Como una historia de terror” Jon Bilbao - Salto de Página
33 “Suite oriental” María Jesús Leza - Alpuerto
34 “No es fácil ser verde” Sara Mesa - Tritoma
35 “Órbita” Miguel Serrano Larraz - Candaya
36 “Cuentos peregrinos” José González Torices - Castilla Ediciones
37 “La ruta de Waterloo” Adolfo García Ortega - Menoscuarto
38 “Un mortal sin pirueta” Ernesto Calabuig - Menoscuarto
39 “El amigo de invierno” José Luis Borau - Menoscuarto
40 “El hotel de los cuentos” Carme Riera - Alfaguara
41 “Trece tristes trances” Albert Sánchez Piñol- Alfaguara
42 “La hierba bajo la nieve” Carlos García Valverde - Edición personal
43 “Relatos turbios” Manuel Merenciano Editorial - Grupo Búho
44 “Cuentos crudos” Ricardo Gómez -Grupo SM
45 “Nunca juegues con una bruja” Manuel L. Alonso- Grupo SM
46 “Estancos del Chiado” Fernando Clemot - Paralelo Sur Ediciones
47 “Cuentos y leyendas de Chus y Roc” Rocío Iriazábal Navajas - La Tierra Hoy
48 “Historia de las despedidas” Pedro Sorela - Alianza Editorial
49 “Nada es lo que parece” Enrique Arias Vega- Ediciones Beta III Milenio
50 “Bebés jugando con cuchillos” Santiago Eximeno- Grupo Ajec
51 “Cuentos de sombreros y paraguas” Aranzazu de Isusi- Quadrivium
52 “Estelas al amanecer” Estela Alcay - Libros Certeza
53 “La luz del diablo” Roberto Malo - Mira Editores
54 “Las mujeres no tienen que machacar con ajos su corazón en el mortero” Inma Luna -Baile del Sol
55 “Contando resistencia” José Manuel Hernández -Baile del Sol
56 “Formas del relámpago” Jordi Macarulla Tarrés -Baile del Sol
57 “Verano en la otra orilla” Mª. Ángeles Teixeira Cerviá- Baile del Sol
58 “La niña del malabarista” José Manuel Brito- Baile del Sol
59 “La fruta del tiempo” Óscar Sotillos- Baile del Sol
60 “Abierto para fantoches” Patricia Esteban Arlés- Diputación de Zaragoza
61 “Revelaciones y magias” Miguel A. Zapata- Ediciones Traspiés
62 “Monstruos cotidianos” Cristina Gálvez- Ediciones Traspiés
63 “La oca de oro” José A. Ramírez Lozano -Menoscuarto
64 “Cuentos de la España de Franco” Luis Otaduy Guerreiro -Ediciones Hontanar
65 “El grito” Teresa Galeote- Ediciones Hontanar
66 “El misterio de la Torre del Reloj” Amparo Carballo Blanco- Ediciones Hontanar
67 “Muchachos, maten a Borges” Antonio Bordón -Ediciones Escalera
68 “Yo también puedo escribir una jodida historia de amor” Carlos Salem -Ediciones Escalera
69 “Haz de luz” Adriana Serlik- Legados Ediciones
70 “Sobrevivir puede ser muy divertido” Diego Medrano - Difácil
71 “Feos” Rafael Camarasa - Editorial Denes
72 “El centro de la Tierra” Andrés Pérez Domínguez - Paréntesis Editorial
73 “Reencuentros” Alfredo García Gregorio - Edición Personal
74 “Los sueños apócrifos” Alberto R.Torices - Asoc. Cult. La Armonía de las Letras

05 julio 2009

Chejoviana (11, II): Imágenes del Cuaderno de notas de Chéjov.

Completando la última entrada, incluyo aquí varias imágenes del cuaderno de notas de Chéjov, de cuya edición en español hablaba el otro día. Gracias por el envío a Paul Viejo, traductor de las cartas de Chéjov al castellano, directamente del ruso, oiga, sin intermediarios de otras lenguas. Uno de los mayores chejovianos que tenemos por aquí.







01 julio 2009

Chejoviana (11): Resumen del año chejoviano (II) - Cuaderno de notas


Resumen del año chejoviano (1)

El cuaderno de notas de un escritor es un lugar misterioso en el que cabe todo, y todo puede ocurrir. También las ocurrencias más inanes, o el comentario en clave que, leído al tiempo, ni al propio escritor le concede una gota de significado. El escritor se aferra a su cuaderno como un modo de formar parte de la literatura, en todo momento, de todo modo, como diría el maestro Sciascia. Lo lleva consigo como llevaba Sísifo su piedra, como un símbolo de su condena, como una joyita de la abuela que le recuerda el destino al que será conducido. El cuaderno de notas le regala al escritor la improbable sensación de que el presente puede ser atrapado, enclaustrado, lineado, escrito, para el momento posterior de la obra, en el que será necesario y recuperado, y transcrito al papel como si naciera de la mente del escritor, cuando ha nacido, en un momento desaparecido, del impulso sensitivo receptor de alguien que ya no es el escritor, y que tal vez ni se le parezca. Las notas a veces son utilizadas en un sentido bien distinto del que fueron creadas, y los signos referenciales que adornan esa nota en la página final pueden ser muy distintos de los signos impulsivos primeros que movieron a recoger ese texto, esa frase oída, ese trozo de diálogo, esa idea para un personaje que sería y que luego acaba no siendo. Así, el cuaderno acaba teniendo vida propia, una sutil urdimbre fantástica, se transforma en una recopilación de nadas que conforman, en los mejores casos, su propio todo. El escritor viejo puede sentir el deseo de acabar con esa obra acumulada en cuadernos y destruirlos, porque piensa que no le refleja, que no es él sino trazas de sus deseos, de cómo se veía a sí mismo en el momento lejano y siempre precario de los proyectos. ¿Qué testimonio deja un cuaderno del escritor que lo concibió? Apenas son papeletas de una rifa sin premio posible, gajos de una naranja agria, quimeras incumplidas.

Para los chejovianos, la idea de la editorial argentina La Compañía, de publicar el “Cuaderno de notas” de Anton Chéjov, es un gran acierto. Aun sabiendo que dentro no encontraremos, probablemente, sino trazas del genio, escenas apagadas con el telón bajado, resquicios de la puerta que va a dar a la habitación del cuento. No nos importa porque del escritor admirado queremos saber más, y mejor. Y esto se cumple aquí. Sabemos más y mejor de Chéjov, porque las anotaciones dispersas y rápidas que fue acumulando en los cuadernos aquí resumidos van dando una idea del foco de sus atenciones, de los lugares a los que decidía mirar y de aquellos que dejaba en sombra, a su espalda. Es un libro para leer con tranquilidad, de vez en cuando, acompañando el té de media tarde o el insomnio de medianoche, dejándonos sorprender por anotaciones anodinas: “El 7 de diciembre de 1901 hablé con Tolstoi por teléfono”, que en su neutralidad tanto nos referencian de una época literaria inolvidable. Si a continuación de esa anotación encontramos “Más vale morir a manos de un imbécil, que recibir de él un solo halago”, la fuerza del contraste irá argumentando el libro al completo y confiriéndole su sentido. O encontrar ritornellos en forma de anotaciones que se van repitiendo levemente modificadas a lo largo del volumen: “Los muertos no se avergüenzan aunque hieden horriblemente”, y páginas después: “Los muertos no conocen la vergüenza, pero hieden terriblemente”. O listas enormes de libros, probablemente leídos –quizás sólo comprados, quien sabe- en los que produce melancolía encontrar títulos y autores –la mayoría- completamente desconocidos, y que en su época quizás fueron éxitos del momento, libros que era imprescindible leer para convertirse en un ruso bien formado.

Un cuaderno de notas en el que todo vale y que acoge en su seno prodigios descriptivos y anotaciones sin fuste, pero que son la base de un cuaderno de notas: “Un muchacho que come mucho en el almuerzo”. Recoger, reparar, educar la mirada, y que el cuaderno se haga eco de ese trabajo de los ojos. Así es este libro: una colección de hallazgos sin importancia, una prueba de que el mundo ocurre ante nuestros ojos, y que luego llegará, o no, a las páginas de un cuento o una obra de teatro, metamorfoseado en sentido desde el hallazgo primero de lo cotidiano.

“Cuando, junto a su esposa vestida toda de negro, tan graciosa, él dijo adiós a su hermana, la idea de que debería viajar en el mismo compartimiento de su mujer comenzó a pesarle e inquietarlo.”

“Él mandaba dinero a su cuñado, incluso después de la muerte de su hermana.”

“No es el número de enfermedades nerviosas o de enfermos mentales lo que ha aumentado, sino el de los médicos capaces de percibirlas.”

“Un joven que había coleccionado un millón de estampillas, se acostó encima de ellas y se voló la tapa de los sesos.”

“¿Los aristócratas? Las mismas formas odiosas, la misma negligencia física, las mismas toses con flema, la misma vejez desdentada, y la misma muerte desagradable que los pequeñoburgueses.”

“Un hombre tiene una idea fija: es un fantasma, camina de noche.”

“Se dice: al final del final la verdad triunfará. Pero no es cierto.”

23 junio 2009

Juan Bonilla: "Nunca he ganado un concurso de relatos".

Juan Bonilla (Xerez, 1966) acaba de publicar su quinto libro de relatos, Tanta gente sola (Seix-Barral). Consecuente con su amor a los libros y los cuentos, el escritor gaditano nos regala una nueva antología de sus mayores obsesiones: la fragilidad de los afectos, la fragilidad de la infancia, la fragilidad de la memoria y la absoluta fortaleza de la literatura, haciendo frente a todo y a todos. Una buena ocasión para charlar con él de su trayectoria literaria, cada vez más cerca de esos Veinticinco años de éxitos que titularan uno de sus primeros libros.


1. Tanta gente sola es tu quinto libro de relatos. El primero fue El que apaga la luz, en Pre-textos, en 1994 -libro que creo se va a reeditar próximamente-. Eres un autor fiel al relato, del que reconoces descansar de vez en cuando del cuento con una novela. ¿Cómo has vivido estos quince años de publicaciones en el campo del relato?

Supongo que he tenido mucha suerte y lo he podido vivir de la manera más natural posible: escribiéndolos cuando me apetecía hacerlo, sin presiones de ningún tipo, experimentando si me dejaba el humor, corrigiéndome a mí mismo con preocupante facilidad, y leyéndolos siempre, sin parar: mi fidelidad al género no es tanto como escritor de relatos, sino como lector. Pero me preguntas por publicaciones, y yo creo que es de destacar que las grandes editoriales, hasta cierto punto, ya consideren normal publicar algunos libros de relatos al año. Ahora mismo las mesas de novedades están atestadas de libros de relatos de autores de primera linea. Si nos comparamos a los autores de hace un par de décadas, creo que es fácil decir que podemos quejarnos poco o nada. Sin mencionar la excelente y decisiva tarea de editoriales pequeñas que se han consagrado al relato breve con decisión y paciencia. Entre ellas, sin duda, Páginas de Espuma es la más destacada. Que los libros de relatos se venden menos que las novelas? Vale, y qué? También se venden menos que los libros de autoayuda -supongo- y nadie menciona eso cuando se dice que los libros de relatos se venden poco: la comparación constante con la novela es un estropicio del que alguna vez tendríamos que liberarnos. Como comparar el baloncesto y el fútbol sólo porque ambos se juegan en rectángulos y con una pelota. El hecho de que no haya baloncestistas que sean buenos futbolistas, impide que se comparen, supongo: el hecho de que haya cuentistas que son novelistas o al revés, invita a que siempre se esté comparando un género y otro, cuando ambos pertenecen a un género mayor, la narración, y ahí se acaba la fraternidad. Volviendo a estos quince años: no podemos quejarnos. El nivel, me parece, en España es excelente. Nos llegan pronto las novedades de la siempre sorprendente narrativa breve norteamericana, con libros como Cosas que deberías saber de A. M. Homes, o los de Lorrie Moore. Latinoamérica sigue pujante, y muchos de los buenos narradores de allá publican aquí. Quizá sólo falta asomarse un poco más a lo que pasa en Europa.

2. El libro anterior a este, Basado en hechos reales (Berenice) era una antología particular de tus relatos preferidos. Además de tres inéditos que sólo se habían recogido en revistas, y que ahora han pasado a Tanta gente sola, en él seleccionabas dos cuentos de tu primer libro, El que apaga la luz, tres del segundo, La Compañía de los solitarios (1998), cuatro de La noche del Skylab (2000), y cinco de El estadio de mármol (2005). Eres por norma autocrítico. ¿Esa selección respondía a un mayor convencimiento respecto de tus libros últimos o a que eres implacable con tu obra conforme el tiempo pasa?

Sin duda, la selección dejaba claras mis preferencias: cuanto más cerca del presente, más me gustaban mis relatos. Para mí, como autor de ya unos cuantos libros de relatos que suman en total 59 narraciones, era un poco duro que siempre que se destacaba un libro mío se mencionara El que apaga la luz, y supongo que en Basado en hechos reales quise vengarme de alguna forma. Ahora que voy a reeditar ese libro, me he congraciado con él, añadiéndole algunas piezas que entonces no había concluido o no me convencía el estado en el que estaban. Creo que sí, que soy autocrítico, aunque habrá por ahí quien diga que no lo suficiente. En el fondo, yo creo que todos los cuentistas nos conformaríamos con poder publicar al final de nuestros días un libro que se titulara 9 cuentos. Es el sino del cuentista: de casi todos puede decirse que su mejor libro lo ha elaborado otro, un antólogo.


3. Has escrito novela, poesía, novela. Aunque tu dedicación mayor ha sido al relato, tengo la sensación de que el hecho de haber publicado dos novelas de éxito te ha salvado de la pesada pregunta: ¿Por qué cuento? ¿Para cuándo la novela?

El cuento se adapta como ningún género a mi manera de estar en el mundo. Eso por decirlo con cierta pedantería. Soy muy inconstante, y muy curioso, necesito estar saltando de un sitio a otro continuamente, de un tema a otro. Las dos cosas se llevan mal con la novela, que es una especie de trabajos forzados en el que lo mejor que puedes hacer es imponerte un horario, ser constante. Por otra parte no sé, sencillamente los cuentos se me ocurren o me ocurren o imagino que me ocurren, les doy vueltas sin escribir una palabra durante algunas semanas, un día me decido y me siento a escribir, en otras dos semanas ya tengo una primera versión, relajadamente me pongo a corregirlos, y antes o después los doy por terminado. Además vas trabajando dos, tres, cuatro a la vez. Ahora mismo tengo una carpeta abierta con cuatro cuentos en distintos estados de composición: uno de ellos terminado, otro apenas comenzado, otros dos en una primera versión muy deficiente. Con la novela eso es más complicado. En efecto, ya no me preguntan para cuándo la novela, y es un peso que me quitan de encima. Cuando llegue la hora, llegará, y si no llega tampoco pasa nada. Otra de las cosas con las que me encuentro más cómodo con el relato breve: estoy seguro de que seguiré escribiéndolos, mientras sería incapaz de decirte si seré capaz de escribir otra novela.

4. Publicas semanalmente en prensa. ¿Qué opinión tienes de la crítica literaria que se hace del relato en este momento en España?

Muy deficiente, sin duda alguna. No hay apenas expertos. Se repiten lugares comunes, que en esto del relato es una cosa muy común: eso de decir que en un relato nada debe sobrar ni faltar -tontería donde las haya-, eso de que en los libros de relatos los hay mejores y peores -no me digas...En fin, sinceramente creo que es el género que menos cosas inteligentes ha hecho decir a los críticos literarios. Pero da igual, sobre todo si tenemos en cuenta que el crítico literario más influyente entre nosotros hoy en día no es ninguno de los que escriben en los periódicos, sino el vendedor de la sección de librerías de El Corte Inglés. Y ese, me temo, no recomendará nunca un libro de relatos.



5. ¿Puedes hablarnos de tus autores preferidos de relato corto, y cuáles han influido más en el origen y formación de tu obra?

Son muchos, y han ido cambiando con el paso del tiempo. Borges me fascinaba, claro, pero hace rato que no lo releo. De Latinoamérica, importantísimo Julio ramón Ribeyro, sobre todo sus libros Silvio en el rosedal y Solo para fumadores. Por proximidad geográfica, fue muy importante Fernando Quiñones, cuyos libros de relatos, creo, son lo mejor de su obra. Nabokov, indispensable. Era un cuentista genial: Detalles de un Crepúsculo, El tiranicida, Una Belleza Rusa son libros llenos de joyas maravillosas. No me canso de releerlo. Tobias Wolff, John Cheever, Raymond Carver, forman el tridente norteamericano indispensable. Y luego están los cuentos de John Updike: Plumas de Paloma, que compré cuando tenía dieciocho años, me impactó. No, no me olvido de Salinger. Creo que Nine stories -tengo la primera edicion!- contiene los cuentos que yo he releído más veces en mi vida, pero no olvido los muchos cuentos que escribió para revistas y no recogió en libro. Y Franny y Zoey es uno de mis libros predilectos. En mi adolescencia/juventud, entrabas en una librería y resultaba mucho más fácil dar con Bukowski -que tiene algunos cuentos estupendos, como Deje de mirarme las tetas- que con Aldecoa, así que tardé mucho en asomarme a la propia tradición española de los cincuenta. El cuentista que más me gusta de esa época es Daniel Sueiro. El cuento del tipo que no quiere ceder su asiento en el autobús es un retrato impresionante de la época, y un cuento genial.

6. La editorial de Tanta gente sola, Seix-Barral, comenzó con Los últimos percances, de Hipólito G. Navarro un interesante trabajo recopilatorio de algunos de nuestros mejores cuentistas. Ahora acaba de hacerlo con Martinez de Pisón, en Aeropuerto de Funchal, o autores desconocidos en España como Amy Hempel. Lo hizo con Carson McCullers. Fernández-Cubas ha tenido gran fortuna con su tomazo de Cuentos completos, en Tusquets. Lumen lo ha hecho con autores clásicos: Flannery O'Connor, Hemingway, García Hortelano. Y tú, en Berenice, hiciste lo propio con Basado en hechos reales. Me parece un "fenómeno" muy interesante, porque acerca la obra de autores imprescindibles a nuevos lectores que tenían complicado el acceso a sus libros antiguos. ¿Es una puesta del contador a cero por parte de las editoriales para que el cuento encuentre nuevos lectores, o se trata de algo transitorio? ¿Crees que el cuento tiene más éxito editorial del que los editores dicen?

La verdad es que no lo sé. No sé si es una estrategia o qué, me limito a disfrutarlo, como autor y como lector. Quizá, para ser justos, habría que recordar que Alfaguara dio el pistoletazo de salida con aquella colección dedicada al relato breve en la que se recopilaron los cuentos completos de Nabokov, los de Scott Fitzgerald (me olvidé de hablar de él, de sus Jovencitas y filósofos en la pregunta anterior), los de Onetti (también lo olvidé antes), de Ribeyro, de Gonzalo Suárez (también lo olvidé: Trece veces trece es uno de los grandes libros de cuentos de nuestra literatura). Y algunos de esos libros alcanzaban la cuarta o la quinta edición. Pero no tengo datos para poder afirmar que los editores mienten.


7. En Basado en hechos reales se incluían tres cuentos que sólo se habían editado en revistas. Ahora esos tres cuentos han pasado a Tanta gente sola. Revistas y periódicos tienen una relación conflictiva con el cuento, porque acaban siendo el reino del encargo y han dado, en los largos veranos, una imagen distorsionada del género. ¿Cómo afrontas ese tipo de publicaciones?

Nunca me llaman para ese tipo de cosas. Y hacen bien. He escrito como todo el mundo cuentos de encargo, y prefiero no volver a hacerlo salvo si el encargo coincide con un relato que ya tenga en marcha. Distorsionar: esa es la palabra, en efecto. Se da por hecho que cualquiera puede escribir un cuento para el verano, y dada la calidad que se le exige, es verdad que cualquiera puede hacerlo, pero así se le hace un flaco favor al género. Siempre estamos envidiando a los americanos con sus revistas, en las que es tradición incluir ficción, pero nadie se aplica a la tarea de que la mejor manera de amortiguar la envidia es la imitación: no se entiende por qué los suplementos dominicales no publican cuentos, y en caso de que decidieran publicarlos, por qué seguro que llamarían antes a Idelfonso Falcones, que nunca ha publicado uno que yo sepa o a Zafón, que a ti o a mi. Creo que es una oportunidad perdida, sin duda, para mejorar la conflictividad de esa relación. Pero también es una muestra bastante plausible de lo poco que importa el género a quienes tienen mano en esas publicaciones, los mismos que, si se les acusara de no estar tan cerca del New Yorker como deja traslucir su envidia, dirían que es por culpa del público, que el público, al que ellos deben conocer como la palma de la mano, no gusta de las ficciones en las páginas de las revistas. Sería, sin dudarlo, el lugar natural para los relatos.

8. En esa antología personal destacaba el epílogo, en el que comentabas en qué condiciones nacieron cada uno de los relatos -confesabas no recordar casi nada de algunos- y también que muchos de ellos habían participado en concursos en los que siempre perdían a manos de algún monólogo. Me pareció muy interesante y valiente contar esa intrahistoria, no siempre favorecedora, al lector.

Es que es verdad: nunca he ganado un concurso de relatos, y durante una época me presenté a unos cuantos. Gané el NH para libros. Pero relatos sueltos míos, han viajado a muchos concursos sin que nunca tuvieran suerte. Los concursos, por cierto, son otro de los mecanismos distorsionadores del género: durante una época fundaron un estilo, el estilo premiable, con su poco de poesia, su poco de dramatismo, de prosa muy trabajada, de desenlace en el último párrafo. Y en cuanto a lo que recordaba o no de los relatos, es así: quizá escribes los relatos para olvidar qué es lo que te llevó a escribirlos, para camuflar detalles, anécdotas, experiencias, trastornándolas en ficción.

9. Te has pronunciado en tus cuentos y artículos en contra de la retórica, la prosa pesada y vacua, y optas por un lenguaje siempre narrativo y ágil, muy dado a las digresiones, pero siempre digresiones narrativas, que hacen avanzar la trama de la historia.

Se escribe como se es, supongo. Y la prosa vacua y pesada no va conmigo: esa hojarasca me pone enfermo. Y que alguien piense que eso es escribir bien, más todavía.


10. Destácanos algunos libros de relatos de este comienzo de milenio que te parezcan sobresalientes.

Bar de anarquistas de José María Conget en España. Everything is ravaged, everything is burned de Wells Tower en Estados Unidos.

11. En ese epílogo del que hablábamos antes, comentabas como muchos de tus cuentos tienen un origen autobiográfico. Anécdotas personales que se transforman en historias. ¿Cómo trascender lo ocurrido y convertirlo en imaginación?

Hablaba en ese epílogo de una herramienta imaginaria: una especie de tensor que te permite llevar la anécdota biográfica a un lugar donde la biografía, por fortuna, no puede alcanzar, y donde pisas territorio de ficción. Pues así, sin más. Por razones que no vienen a cuento tengo que pasar ahora muchas noches en el hospital. Es difícil dormir en una quinta planta de un hospital. La imaginación se te fuga, sin fugarse del todo: de repente estás en el hospital pero ya no en el hospital en el que estás, sino en el de un relato que escribirás. Las cosas que tienes delante van a metamorfosearse para que se queden contigo de alguna manera, pero no como realidad vivida, sino como algo más. Sacas el tensor, extiendes la peripecia biográfica, camuflas al personaje, inventas...Y así.


12. Tanta gente sola es tu libro más orgullosamente metaliterario. El magnífico cuento que cierra el volumen, "Me acuerdo de Perec", es es apariencia una vuelta de tuerca que hace encajar todos los relatos, y darles una hilazón estructural, pero creo que en realidad uno de tus temas preferidos en tu obra es el conflicto entre realidad-ficción, y se ve en ese cuento como en ningún otro. En el cuento "Metaliteratura" dices: "Pensé que con el experimento de llevar un texto de ficción a su realidad, no sólo iba a fortalecer el texto de ficción (...) sino que también iba a ayudar a mi primo a que superase su pánico a la muerte...". "Me acuerdo de Perec" es otro experimento, en el que te preguntas, como letraherido, cómo hacer para integrar la literatura en nuestra experiencia vital. Sentirse vivo y llegar a los otros no como escritor, sino gracias a los libros.

Debe de ser un defecto de fábrica con el que vine al mundo: la literatura que más me gustaba, la que perseguía, era aquella que me ofrecía una gama de actos que no estaban en mi experiencia personal y me hacían querer atesorarlos. Eran páginas que merecían ser vividas, que, como alguna vez he dicho, más que leerlas yo a ellas, me leían ellas a mí. De ahí que en ese cuento que mencionas, nos encontremos con alguien dispuesto a llevar una idea tan genial como la de Joe Brainard copiada por Perec, a la realidad que está más allá de las páginas del libro, y, sin saberlo acaso, esté haciendo el mejor homenaje que se le puede hacer a la ficción. Y en "Metaliteratura", el protagonista, persiga convertir en real un cuento fantástico de Borges, sólo para ver qué pasaría en la realidad si lo que cuenta Borges en su ficción, se materializara.

13. "Todos contra Urbano" y "El cromo de Boronat" tienen un final parecido. "Y se va a su cuarto. Y eso es también metáfora de algo, pero no sabemos de qué. Y ninguno de nosotros sabe qué decirle para consolarlo"; "Me hubiera gustado tener el número de teléfono de Laura para, tantos años después de toda nuestra historia, contarle su desenlace y pedirle que esgrimiera alguna moraleja con la que cerrarla". Dices en tus cuentos que no hay moraleja posible, ni metáforas que esgrimir. El final de los dos relatos es una llamada al valor absoluto de la narración, del contar, más allá de otros argumentos. Por encima de todo, ¿te consideras un narrador?

Fundamentalmente. Se me ocurren historias y tengo la necesidad de contármelas, de darles forma, de hacerlas llegar a otros. Historias, personajes. Nada de moralejas.


14. "Seguir fracasando para seguir siendo alguien." Otro de los temas fundamentales en tus historias son los fracasos cotidianos, los heroísmos inútiles. Muchos de tus cuentos -"Un día para tus biógrafos", "Todos contra Urbano", "Algo más que simplemente existir"- dan cuenta de un fracaso vital enorme que por cotidiano llega a resultar ridículo.

Me interesa mucho el personaje que se agiganta sin ser nadie, sólo para convencer al policía que reside en el espejo lo equivocado que está. No siento lástima ni piedad por él: sencillamente me parece interesante. Los enfermos, mis libros están llenos de ellos, también me interesan especialmente: ese golpe repentino que cambia tu relación con el mundo, que te hace de repente otro, que te obliga a variar tus parámetros, tu relación con la realidad.

15. En Basado en hechos reales y en muchos textos tuyos comentas cómo muchas de tus historias han surgido en momentos de desánimo, depresivos, de cierta atonía literaria. ¿Cómo te enfrentas a la disciplina literaria? ¿Cuáles son tus ritmos?

Muy, muy cambiantes. No tengo disciplina alguna. Puedo pasar meses sin ponerme a la tarea, y luego, de repente, necesitar no despegarme del ordenador. Me gustaría imponerme un horario, hacer como John Cheever y bajar al sótano a escribir todas las mañanas. Pero ya soy grande, y sé que si fracasé todas las veces anteriores en que lo intenté, no voy a cambiar ahora.

16. El arte del yo-yo (Pre-textos) -gran título regalado por tu amigo Martínez de Pisón- es un compendio delicioso de tu amor hacia la literatura. En él se incluyen artículos -memorable "Azorín, pegapases de salón"- y cuentos -"La ruleta rusa", por ejemplo, que ha estado en varios de tus libros- en los que das rienda suelta a tu pasión por los juegos de palabras. "Almas cargadas por el diablo", "El arte por helarte", "el nazionalismo", etc. ¿Es imprescindible para tí pasarlo bien mientras escribes, divertirte, jugar a jugar?

Sí, es imprescindible. Jugar es un verbo que me gusta mucho. Y los juegos de palabras, siempre que estén bien insertados en el relato, también. El relato en el que más he jugado con las palabras, casi es un ejercicio de estilo, es uno que no salió en la primera edición de El que apaga la luz y que sale en la reedición: su protagonista es Marlene Moureau, o sea, que con eso está dicho todo.

17. En ese libro también das cuenta de tu afán polemista. Aunque estas entrevistas desprecian bastante la actualidad no tengo más remedio que preguntarte sobre tus declaraciones respecto del Loewe de este año, concedido a Cristina Peri Rossi. A estas alturas, y después de haber participado en muchos, ¿qué opinión tienes de los premios literarios?

En los que yo he participado como jurado puedo jurar que eran honrados y no recibimos nunca presión de nadie. Creo que hay demasiados premios, y que unos se anulan a otros, eso parece bastante claro. No tengo una opinión general, tendríamos que hablar de caso por caso, lo cual supongo que es imposible. No es que quiera salirme por la tangente: el artículo que mencionas deja bastante claro que no me importa decir lo que pienso. Pero no sería justo hacer un análisis general.

18. Háblanos de algún relato que en un momento de tu vida te perturbara o impresionara por algún motivo especial, con el que vivieras una de esas epifanías que tanto nos gustan a los escritores.

De los míos, "Encuentro en Berlín" de El estadio de mármol. Es un relato en el que hay un encuentro entre dos personas que no volverán a verse y que gracias a las circunstancias, a la casualidad, a la necesidad de comunicarse, comparten un secreto terrible y a la vez, creo, muy hermoso.

19. Y para acabar, ¿puedes indicarnos algún escritor actual (de novela o relatos, español o extranjero) que a tu juicio esté infravalorado y otro que, también a tu libre juicio, esté sobrevalorado?

No sé si sobrevalorado, pero Sebald me resulta cansino. A Murakami todavía no le he encontrado la gracia. Y sinceramente, no creo que David Foster Wallace sea el mejor escritor de relatos de la historia, como parecen pensar muchos. Infravalorados: hay un poeta y prosista excepcional, que aunque es conocido entre los poetas, no ocupa el lugar que creo que merece: Jesús Aguado. Hay un novelista, a mi ver, de lo mejor de los últimos años, que aunque conocido, nunca alcanza la meta de la segunda edición a pesar de lo excepcional de todas sus novelas: José Antonio Garriga Vela.

Fotografías: Yolanda Morató.

12 junio 2009

Camisa de once varas (6): Rebecca Miller.

Retomo esta sección unos meses después, y prácticamente donde la dejamos. Si entonces veíamos a Arthur Miller discurseando en italiano, hoy todo queda en casa. Rebecca Miller, que hace poco publicó en Anagrama su novela Las vidas privadas de Pippa Lee, y que también escribió un libro de relatos, Velocidad personal, tiene una paralela carrera cinematográfica. Últimamente como directora, Angela (1995), La balada de Jack y Rose (2005), y las adaptaciones de los dos libros antes mencionados -está a punto de estrenarse la versión de su última novela-. Pero aquí viene como actriz, que participó a principios de los noventa en un puñado de filmes, antes de darse cuenta de que aquello no era lo suyo, y quizás tampoco lo nuestro verla a ella con capacidades actorales un tanto limitadas, las cosas como son. Eso no le impidió ponerse a las órdenes de Mike Nichols, en A propósito de Henry, de Alan Rudolph en Mrs. Parker y el círculo vicioso -por cierto, ¿qué fue de Alan Rudolph?- y de Alan J. Pakula en Dobles parejas, del 92, un thriller sexual de la época de Instinto básico, en que había muchos thrillers y todos sexuales, junto a Kevin Kline, Mary Elizabeth Mastrantonio y un actor que empezaba, un tal Kevin Spacey, con su flequillo todavía en buena forma. En esta película con un par de escenas tórridas, además cantaba, preparando el ambiente para la ancha cama que los cuatro personajes protagonistas iban a llenar con sus cuerpos calenturientos.

video

Arthur Miller
Salman Rushdie
Ismael Grasa
John Cheever
Antonio Muñoz Molina

11 junio 2009

Sinfonía de viento, del Sr. Curri.

El último corto del Sr. Curri, "Sinfonía de viento", protagonizado por el gran Calavera. Acaba de colgarlo Curri en su página, pero no me resisto a reproducirlo aquí, vía yotuve.



Y si quieren reir un poco más, una toma pirata de un monólogo de Calavera y Labordeta en el Teatro Apolo de Almería.

08 junio 2009

Microrrelato en Andalucía - Revista literaria Batarro.


En otras ocasiones he escrito por aquí sobre trabajos publicados por el Grupo Batarro, de Huercal-Overa (Almería): así, en sus trabajos Cuento al sur, y Palabra en el tiempo, el excelente volumen que dedicaron a Medardo Fraile, del que acaban de aparecer las esperadas memorias en la editorial Pre-textos, El cuento de siempre acabar, volteando el título de una de la autoras más mencionadas en su libro, Carmen Martín Gaite, Carmiña, compañera generacional de Fraile.

No voy a insistir -estoy harto de quejas que no sirven para nada, y además me desequilibran los niveles de yodo- en el desprecio que se hace muchas veces a iniciativas como esta de Batarro, que nacen en los márgenes de los márgenes de los márgenes, parece pensarse. Batarro, nacidos como grupo en 1972, fueron los primeros en hablar de Pitol por estos pagos, hace muchos años, por poner un ejemplo, y muchas de sus revistas-libros tienen una gran calidad. Sin embargo, todavía está pendiente que al menos en esta Almería, tan avara culturalmente, se les hiciera algún tipo de homenaje o se les invitara a participar en la vida cultural, o así, por quienes mueven el cotarro. Es cierto que sus miembros no saben buscar la calidez de los focos -en eso hay verdaderos profesionales- pero de la labor crítica de Pedro M. Domene o Jesús Martínez Gómez, por nombrar a dos de ellos, hay sobradas muestras en libros, revistas y periódicos.

Total, que sin apenas distribución, el talón de Aquiles de la revista, se van publicando trabajos elaborados con el mismo tesón y generosidad que en sus primeros números. Ahora acaba de aparecer un volumen titulado Microrrelato en Andalucía, en el que se recogen microcuentos -algunos más micros que otros, todo hay que decirlo- de treinta y un autores, andaluces, desde Manuel Talens, nacido en el 48, a Cristina García Morales, del 85. Cuarenta años, pues, entre unos y otros, y diversidad de planteamientos, estilos, logros y dedicaciones al género del relato, y dentro de él, o aparte, según gustos y teorías, al microrrelato. Hay autores inéditos, y otros que cuando se comenzó a elaborar la antología lo eran y que en este tiempo han publicado sus primeros libros: así, Cristina García Morales publicó en Cuadernos del Vigía La merienda de las niñas, o nuevos volúmenes que no han tenido tiempo de ser recogidos en las biografías que cierran el volumen, como el nuevo libro de Lara Moreno, así como la buena noticia para mí del anuncio de un próximo nuevo libro de Javier Mije, en Acantilado, uno de los autores a los que echaba de menos desde su magnífico debut con El camino de la oruga.

Un volumen interesante, que el seguidor del género puede conseguir, a través del propio grupo Batarro. Su dirección es: Apartado 172, 04600 Huércal-Overa. Almería (email:pmd@cajamar.es) y en librerías se puede encontrar en Málaga, en Librería Prometeo y Proteo.

Acabo con la nómina de los antologados, por su orden cronológico:
Manuel Talens, Pedro Felipe Sánchez Granados, Fernando de Villena, Antonia Moreno Cañete, Antonio Ortega Fernández, Felipe Benítez Reyes, Manuel Moya, Guillermo Busutil, Hipólito G. Navarro, Fernando Iwasaki, Ángel Olgoso, José Manuel Benitez Ariza, Manuel Moyano, José Cruz Cabrerizo, José Alberto García Avilés, Francisco Ortiz, Salvador Gutiérrez Solis, Reinaldo Jiménez, Javier Mijé, Francisco Silvera, Vicente Luis Mora, Miguel Ángel Muñoz, Ubaldo Rodríguez, Marcos Gualda, Pablo García Casado, Mónica Gutiérrez Sancho, Luis Manuel Ruiz, Javier Puche, Mario Cuenca Sandoval, Lara Moreno, Cristina García Morales.

Imagen: Jeff Wall.

06 junio 2009

Tres microrrelatos de Manuel Moya.


HURACANES

No, Cristina no ha llegado todavía. La arrastró un huracán ya va para tres meses y de momento no ha vuelto. No es que temamos especialmente por ella, porque se conoce bien los huracanes y estamos seguros de que cuando se canse, volverá. Lo que temo es que a éste le coja afición, como le ocurrió a madre, que después de irse con todos los que pasaban por aquí, ya de mayor, se largó con uno y nunca más quiso saber de nosotros. A mí, que siempre he sido una incomprendida, me dio por los hombres y ya ve usted, aquí me tiene, en el Texaco Girĺs y esperando a Cristina, que, como le digo, tiene que estar al llegar.

EL OSO POLAR

Es terrible, terrible: un oso polar viene cada noche a poseerme. Yo lo dejo hacer, lo dejo hacer de puro miedo y si hasta ahora no he gritado ha sido para que no acabe por descuartizarme. Llevo dos años así y creo que ya no podré aguantarlo más. Un día de estos pondré un cepo de osos a la entrada y de camino informaré al director, ¿me está oyendo, Padre Ignacio?

ESBIRROS

El hombre que cada noche duerme en el portal, hoy lo he sabido, no es más que un contratado del ayuntamiento. Rodeado de cartones, de un escobón, de un carrito construido a base de despojos y apestando como una bodega, ese tipo no es más que un maldito contratado gracias a las oscuras ordenanzas municipales. ¿Merezco algo así? ¿Por qué nos trata como a imbéciles el ayuntamiento? ¿Creían que no me iba a acabar enterando? Todo, todo encaja. A mí no me la dan. Puedo parecer estúpido, pero a mí no me la dan. El ayuntamiento contrata a esos tipos para que sepamos qué es lo que nos ocurriría de no levantarnos cuando es todavía de noche, de no coger el metro cada mañana y de no volver ya oscurecido al lugar donde nos está esperando el hombre que apesta como una bodega, fiel esbirro, ya digo, del ayuntamiento. Entonces, sorteamos como podemos al tipejo, esperamos el ascensor, llegamos derrumbados a casa, besamos a la niña que está haciendo los deberes en su cuarto, ponemos el despertador a las seis y media y comenzamos a soñar en el adosado ese de la zona residencial, donde no dejan entrar a nadie, y mucho menos a los esbirros del ayuntamiento.


Manuel Moya nació en 1960, en Fuenteheridos, lugar donde reside. Poeta, narrador, crítico literario, editor, traductor, ha publicado libros de poesía como La Noche Extranjera (1994), Salario (1998), o Interior con islas (Pre-textos, 2006). Su antología Habitación con islas (1999) ha sido traducida y publicada íntegramente en Francia (ĹHarmattan, 2007) y Portugal (Ed. Palavra Ibérica, 2008). También ha publicado dos libros bajo el heterónimo de Violeta C. Rangel: La posesión del humo (Hiperión, Madrid, 1998) y Cosecha roja (2006), así como otro bajo Umar Abass, El Sueño de Dakhla (ed. Algaida, 2008). Ha obtenido prestigiosos premios como el Ciudad de Córdoba, Fray Luis de León, Leonor... Su obra aparece en numerosas antologías tanto en España como en USA, México, Portugal o Francia. En prosa ha editado un libro de cuentos, La sombra del caimán (Ed. Onuba, 2006) finalista del premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en 2006, así como las novelas La mano en el fuego (Ed. Calima, 2006) o La tierra negra (Ed.. Guadalturia, 2009). Su traducción de Libro del desasosiego de Fernando Pessoa, aparecerá en breve (Ed. Baile del Sol, 2009) así como la poesía completa de Caeiro (DVD, 2009).

Imagen: Duane Michals.