lunes, 27 de abril de 2009

Cuentos puertorriqueños - Marta Aponte Alsina.

Durante esta semana quiero publicar varios textos sobre el estado del cuento en Puerto Rico. La novelista y autora de relatos Marta Aponte Alsina, de la que aquí se comentó su novela "Sexto sueño", ha escrito para este blog un exhaustivo texto en el que recorre los principales nombres y textos del cuento en el Puerto Rico actual, pero también un resumen de la historia del cuento en ese país. Sin duda, un panorama creo que muy interesante al que conviene atender para estar más al tanto de lo que se está haciendo en esa zona del Caribe, y un texto que espero sirva de referente para conocer nombres, libros y tendencias.

Cuentos puertorriqueños
Marta Aponte Alsina


Una literatura extraña

Se ha dicho que la literatura puertorriqueña es extraña. No me extraña el empleo del adjetivo para calificar una producción desconocida entre los lectores y estigmatizada por la anomalía de escribirse en una colonia donde todavía se habla español aunque en su metrópolis prevalezca un idioma distinto. Lo notable es que exista un cuerpo de libros clasificables como “literatura puertorriqueña” y que el género del cuento forme parte sustancial de esa biblioteca. Esa extraña literatura no tiene carta de entrada en la quimérica república mundial de las letras, a pesar de la difusión de algunos nombres (Rosario Ferré, Mayra Santos Febres, Edgardo Rodríguez Juliá, Mayra Montero) publicados por editoriales multinacionales.

En esta nota para los lectores de “El síndrome Chéjov” intentaré un vistazo al estado del cuento literario en Puerto Rico. Ante la ausencia de familiaridad, cualquier comentario podría acentuar la sensación de extrañeza. Para la mayoría de los lectores las listas de nombres desconocidos son como listas de nombres de marcianos, aunque menos interesantes. Quienes algo sepan del tema opinarán que las listas siempre parecen insuficientes. En lugar de ilustrar presencias demuestran la injusticia de las exclusiones. Trataré de evitarlas, aunque será imposible prescindir totalmente de ellas.

Propongo una síntesis de síntesis. Citaré juicios de críticos que compilaron antologías de cuentos. Los diagnósticos de dichos lectores comprueban que ni los autores ni sus contemporáneos son capaces de anticipar cómo los escritores del futuro recibirán su legado, máxime en el caso de una literatura joven cuyo capital cultural es escaso y que, paradójicamente, en lugar de acumularlo, se ha construido casi siempre en pugna consigo misma.

La cuestión nacional

Es conocida la anotación que hizo Kafka en su diario a propósito de las literaturas de las naciones pequeñas. Cito de la traducción de Formosa:

La memoria de una nación pequeña no es menor que la de una nación grande, de ahí que asimile más a fondo el material de que dispone. Sin duda dará ocupación a menos historiadores de la literatura, pero la literatura no es tanto un asunto de la historia literaria como un asunto del pueblo, y por esta razón se conservará de un modo, si no tan puro, mucho más seguro. Porque las exigencias que la conciencia nacional, dentro de un pueblo pequeño, plantea al individuo, traen consigo que cada uno deba estar siempre dispuesto a conocer la parte de la literatura que ha caído en sus manos, a conservarla, a defenderla, y a defenderla en cualquier caso, aunque no la conozca ni la conserve. (1)

La cuestión nacional ha sido determinante en la literatura puertorriqueña, pero desde sus orígenes esa especie de monomanía tuvo un contrapunto no menos poderoso. Los autores, incluso quienes, como los poetas vanguardistas de los años veinte y treinta, se consideraron custodios radicales de una conciencia política, han deseado asimismo una autonomía de la voz; la reapropiación, en el texto literario, de un legado roto por la transculturación, el aislamiento y la desmemoria. Se reclama así la libertad de apropiarse sin limitaciones de “todas las posibilidades literarias”, para citar a Reynaldo Arenas.

En el caso de un país caribeño marcado por la emigración de buena parte de sus habitantes y sin soberanía en derecho, la memoria es un asunto muy complejo. Sin embargo, el contrapunto entre memoria, historia y literatura, entre los fines de la política y la “soberanía literaria”, quedó implicado en el primer trazo del primer autor, aunque algún crítico piense que la obsesión con la identidad nacional se limitó a la defensa maniquea de una nación idealizada. Más que la fe en un ideal de identidad resistente han dejado sus huellas en las letras puertorriqueñas los discursos del lamento, la denuncia militante o la incertidumbre.

La tensión entre el campo literario y el político hizo crisis en las últimas décadas del siglo pasado: la era de la sospecha, del cuestionamiento de la representación y de la proclama de diferencias; de la muerte de las grandes narrativas y la globalización de la tecnología y las injusticias; fenómenos que confluyeron en la vida social y se manifestaron en debates teóricos que ya se encuentran en vías de extinción o transformación.

Comienzos

En 1932, el estudioso Antonio S. Pedreira publicó Bibliografía puertorriqueña (1493-1931). En ese estudio se consignaba la aparición de cincuenta libros de cuentos y cuatro antologías de relatos. (2)

El español Federico de Onís, en el prólogo a una antología fechada en 1927, advirtió: “Se ven en esta antología luchar dos tendencias contradictorias que han contribuido a formar el alma americana: la tendencia universal y cosmopolita, abierta a toda influencia externa, que se refleja en los cuentos que podríamos llamar ‘literarios’ y cuyos temas, emociones y técnicas no tienen nada privativo de Puerto Rico, y la tendencia ‘criolla’ que convierte en materia artística la vida misma de los puertorriqueños”. (3) Onís no aclara la expresión “la vida misma de los puertorriqueños” ni pondera la complejidad de la experiencia, como si el criollismo literario equivaliera a una representación auténtica y cabal. Tampoco se relaciona la “vida misma de los puertorriqueños” con la situación colonial ni se ubica la cuestión nacional en un primer plano de interés.

La crítica Concha Meléndez opina que la aparición del cuento escrito en Puerto Rico data de 1843, año de publicación de la antología Aguinaldo puertorriqueño. La isla tenía entonces menos de medio millón de habitantes y aún no habían publicado libros los escritores “canónicos” del siglo diecinueve: Alejandro Tapia y Rivera, José Gautier Benítez, Manuel Zeno Gandía, Lola Rodríguez de Tió. Dicho sea de paso, varias obras de Tapia y de Zeno se encuentran en los fondos cibernéticos de la Biblioteca Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com/

En sus apuntes sobre el cuento puertorriqueño, Meléndez destacó la importancia de la Revista Asomante, fundada por Nilita Vientós Gastón con el espaldarazo del poeta Pedro Salinas. De hecho, Meléndez hace una clara distinción entre cuanto se había escrito hasta entonces y las características de los escritores que comienzan a publicar en Asomante a partir de 1945: “la aparición de cuentistas que manejan su arte con una conciencia despierta a las direcciones del cuento en nuestros siglo y saben, además, los recursos que manejan los mejores cuentistas de todos los tiempos”. (4)

Una notable aportación a la crítica del cuento en Puerto Rico proviene del narrador René Marqués, quien acudió a las etiquetas generacionales que tanto ha favorecido la crítica isleña para demarcar diferencias y proclamar consignas de cuenta nueva y borrón de la tradición. Marqués compiló la antología Cuentos puertorriqueños de hoy, cuya primera edición data de 1959. En ella incluyó textos de Abelardo Díaz Alfaro, José Luis González, Pedro Juan Soto, Edwin Figueroa, José Luis Vivas, Emilio Díaz Valcárcel, Salvador M. de Jesús y el mismo Marqués. (Choca la exclusión de narradoras como Violeta López Suria y Marigloria Palma.) Según Marqués:

El cuento puertorriqueño logró ya definirse como género… librándose de embarazosas adherencias extraliterarias, (descartando) la aceptada actitud laxa y cómoda que permite entre nosotros catalogar como “cuento” todo relato corto en prosa: desde la leyenda histórica o folklórica y la desarticulada hemorragia lírica, hasta el cuadro amable o la estampa costumbrista. El cuento moderno, en su desarrollo y evolución –Maupassant, Poe, Chejov, Gorki, Pirandello, Hemingway, Joyce, Faulkner, Sartre, Camus- ha ido ensanchando sus posibilidades temáticas y expresivas, pero se ha ido, simultáneamente, autolimitando como género. (5)

En 1983 se publicaron las antologías de cuentos Apalabramiento (6) y Reunión de Espejos (7). Efraín Barradas, el editor de Apalabramiento, advierte en los narradores que comienzan a publicar a partir de 1966 “el manejo del habla popular, la cual sirve de base para la creación de una lengua literaria… la presencia femenina y la conciencia feminista… la crítica o parodia de las clases “bajas” … y la identificación con autores del boom”. José Luis Vega, editor de la otra antología mencionada, destaca como característica central el “agotamiento del modelo del realismo social en la construcción de relatos”. Los autores incluidos por Vega (Rosario Ferré, Manuel Ramos Otero, Ana Lydia Vega, Magali García Ramis, Juan Antonio Ramos y Luis Rafael Sánchez, entre otros) emplean, según el antólogo, un lenguaje que oscila entre el estilo lírico, el paródico y el dialectal y traen a primera fila personajes hasta entonces marginales o invisibles, como el negro, la mujer y el homosexual.

A propósito de la literatura escrita por mujeres se publicaron otras antologías, de las cuales vale destacar Aquí cuentan las mujeres, editada por María M. Solá. Según Solá: “En sintonía con esa agitada exploración que protagoniza nuestro pueblo, las narradoras de hoy son observadoras y partícipes, jueces y acusadas dentro del complejo proceso, lleno de ardua aventura y sorpresa, que es la historia y la cultura puertorriqueña.” (8)

Diez años más tarde se anuncia un nuevo relevo generacional. Acaso el primer grito fue la publicación de la antología El rostro y la máscara: antología alterna de cuentistas puertorriqueños contemporáneos.(9) El editor, José Ángel Rosado, alegaba que los escritores representados (Luis Raúl Albaladejo, Edgardo Nieves Mieles, Georgina Pietri, Max Resto, Pedro Cabiya, José Liboy y otros), más allá de diferencias generacionales, intentan “alejarse del contexto social puertorriqueño, y proponen una “escritura alterna” que “se caracteriza por su inclinación a lo grotesco, lo fantástico, lo extraño y la indagación en los límites de la ficción”. Por otra parte, para Rita de Maeseneer, el cuento puertorriqueño de los noventa “se caracteriza por nuevas formas de feminismo y nuevas formas de un fantástico casi neovanguardista”. (10)

Las antologías Mal(h)ablar (11) y Los nuevos caníbales (12) se publicaron en 1997 y 2000. Carlos Roberto Gómez, editor de la sección puertorriqueña de Los nuevos caníbales (la antología incluye una muestra de cuentos de narradores cubanos y dominicanos), resalta varias cualidades constantes en diversos autores: la intertextualidad y parodia, en diálogo con la mejor literatura latinoamericana y europea; el replanteamiento de lo antillano; la reflexión sobre una nueva emigración hacia los Estados Unidos y el mundo. (13) (A propósito, es importante mencionar a varios narradores de la diáspora -puertorriqueños residentes fuera de la isla- que escriben en español o en inglés: Pedro Pietri, Guanina Braschi, Marithelma Costa, Nicholasa Mohr, Judith Ortiz Coffer, Esmeralda Santiago, Pedro López Adorno, Myrna Nieves y Lourdes Vázquez.)

Para Mario Cancel, un estudioso que ha intentado nadar en las aguas revueltas de lo que se escribe aquí ahora, la literatura emergente acusa rasgos diversos: la quiebra del realismo mágico, el experimentalismo y la afinidad con la “literatura de la extrañeza”, y las tendencias lúdicas, la experimentación metaficcional, la parodia y la cultura pop, la estética de la tecnociencia, las formas híbridas y la disolución de la forma tradicional del cuento. (14)

A mi juicio es importante trazar caminos excéntricos, releer y reubicar la tradición, ver lo que siempre ha estado ahí, invisible o secuestrado. Armar una “literatura de conexiones”, que de algún modo rompa la condena del doble cerco insularista y colonial y se inscriba en las corrientes culturales del exilio, de la emigración, de la región y el mundo.

La lista

En este punto ya es inevitable presentar una lista de autores y títulos de libros de cuentos publicados a partir del 2000, sin preferencias ni jerarquías. La lista sigue siendo parcial puesto que se limita a los libros que han pasado por mi biblioteca, casi treinta. Esta cifra representa más de la mitad de los libros de cuentos publicados entre 1847 y 1932.

Eduardo Lalo: La isla silente (Isla Negra Editores, 2002)
Lydia Vélez Román: Memoria de escribanas (Editorial Cultural, 2000)
Pedro Cabiya: Historias atroces (Isla Negra Editores, 2003)
Ana María Fuster: Verdades caprichosas (2002); Réquiem (Isla Negra Editores, 2005); Bocetos de una ciudad silente (Isla Negra Editores, 2007)
Yolanda Arroyo: Ojos de luna (Terranova Editores, 2007)
Juan Carlos Quiñones: Breviario (Isla Negra Editores, 2002)
Mario Cancel: Intento dibujar una sonrisa (Editorial Terranova, 2005)
Lourdes Vázquez: La estatuilla (Editorial Cultural, 2004)
Francisco Font: Caleidoscopio (Isla Negra Editores, 2004)
Emilio del Carril: Cinco minutos para ser infiel y otras divagaciones testiculares (Editorial Pasadizo, 2007)
Margarita Iguina: Hijas de Hércules (2008)
Luis López Nieves: La verdadera muerte de Juan Ponce de León (Editorial Cordillera, 2000)
Carlos Vázquez Cruz: 8% de desk cuentos (2005)
Elidio Latorre Lagares: Septiembre (Editorial Cultural, 2000)
José Liboy Erba: Cada vez te despides mejor (Isla Negra Editores, 2003)
Aravind E. Adyanthaya: Lajas (Isla Negra Editores, 2002)
Juan Duchesne Winter: Gotcha (Editorial Tal Cual, 2008)
Vanesa Vilches: Crímenes domésticos (Ediciones Cuarto Propio 2007)
José E. Santos: Los viajes de Blanco White (Ediciones Callejón, 2007)
Dinah Kortright: La memoria insomne (Terranova Editores, 2007)
Rafael Franco: Alaska (Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2007)
Daniel Nina: En tránsito y otros relatos (Isla Negra Editores, 2002)
Marta Aponte Alsina: La casa de la loca y otros relatos (Alfaguara, 2002); Fúgate (Sopa de Letras, 2005)


Dos autores

De las escrituras recientes escojo -no al azar sino guiada por la complicidad, la libertad y el premio hedonista- dos autores, dos colecciones de textos: Breviario de Juan Carlos Quiñones y unos cuentos breves publicados por Mara Pastor en su blog.

Breviario, libro de horas, cuentos cortos. Como los breves de Arreola, pertenece a lo que un crítico ha llamado “el género de los Apocalipsis de bolsillo”. El discurso de las atrocidades pasado por Ballard, el cubo cerrado, el cuarto hermético, el cuerpo propio como suma de abominaciones. Estos breves precisos, urdidos por una conciencia deshumanizada que narra los destrozos del tiempo, traen a la memoria la ocurrencia de Lovecraft sobre la narrativa extraña (weird fiction): “el arte verdadero solo se logra rechazando totalmente la normalidad y el convencionalismo, dejando a un lado todo punto de vista usual o preconcebido… No se puede escribir un cuento fuerte sin un desprendimiento sicológico perfecto de la condición humana, sin el prisma mágico de una imaginación que infunda lo grotesco en tema y estilo, la inquietante distorsión caraterística de la visión mórbida”. (15)

Mara Pastor es fotógrafa y poeta y sus narraciones tienen la magia del desplazamiento, del patrón familiar que se reconoce y nos desasosiega como si se tratara de una línea de fuga atrapada en una conciencia inestable. Sus relatos cerrados aluden a otros medios artísticos. Así, el minicuento “Un completo desconocido”, homenaje a la fotografía “Radioactive Cats”, de Sandy Skoglund, y a “Like A Rolling Stone” de Bob Dylan, con excursos sobre la sensibilidad de Wittgenstein y Russell, es una instantánea del acto de subir y bajar una escalera, con paradas en el piso ocupado por dos ancianos rodeados de gatos verdes. En “De trasmano”, se propone que toda trama anida en la construcción de un paisaje elemental y que todo paisaje es en el fondo un silogismo: “Si tomamos por cierto que hay un lago cuyo origen se remonta al zumbido infinito de insectos hemípteros llamados cigarras, podríamos decir que al primero de estos insectos se lo comió un pez por intuición”.

Para una muestra inmediata y mínima de lo que se escribe hoy en Puerto Rico conviene una visita a los blogs. Van las direcciones de algunos:

El blog de Mara Pastor, poeta, narradora, artista: http://www.ohdiosarantza.blogspot.com/

El blog de Manuel Clavell, escritor todo terreno: http://www.carnadas.org/blog/

El blog de Néstor Rodríguez, poeta y crítico: http://schnuckelchen.blogspot.com/

El blog de Francisco Font, narrador: http://legionmiope.wordpress.com/

El blog de Juan Carlos Quintero, poeta y crítico: http://delmangle.blogspot.com/

Narrativa Puertorriqueña, página editada por Mario Cancel y Maribel Ortiz: http://www.geocities.com/narrativa_puertorriquena/Portada.html

El blog de Ana María Fuster, poeta y narradora: http://bocetosdeselene.blogspot.com/

El blog de Yolanda Arroyo, narradora: http://narrativadeyolanda.blogspot.com/

El blog de Elidio Latorre Lagares, poeta, narrador, crítico y editor:
http://latorre-lagares.blogspot.com/

El blog de Rafael Acevedo, poeta y narrador: http://cerealkeyller.blogspot.com/

El blog de Urayoan Noel, poeta y performer: http://urayoannoel.com/

Letras salvajes, revista electrónica editada por Alberto Martínez Márquez, crítico y poeta:
http://www.geocities.com/letrassalvajes/

El sótano, revista electrónica: http://elsotano00931.blogspot.com/

Mi blog: http://www.angelicafuriosa.blogspot.com/

Notas:
1-Franz Kafka, Diarios (1910-1923), Barcelona, Fábula-Lumen-Tusquets, 2005, p. 129.
2-Concha Meléndez, Antología de autores puertorriqueños, San Juan, Ediciones del Gobierno, 1957, p. ix.
3-Ibid., p. x.
4-Ibid., p. vii.
5-Marqués René. Cuentos puertorriqueños de hoy. San Juan: Editorial Cultural, 1971 (Tercera edición), p. 35.
6-Efraín Barradas, Apalabramiento, Hanover, Ediciones del Norte, 1983.
7-José Luis Vega, Reunión de espejos, Río Piedras, Editorial Cultural, 1983.
8-Solá, María M. Aquí cuentan las mujeres. Río Piedras: Ediciones Huracán, 1990, pp. 54-55.
9-El rostro y la máscara: antología alterna de cuentistas puertorriqueños contemporáneos. San Juan: Isla Negra Editores/Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1995.
10-De Maeseneer, Rita. “El cuento puertorriqueño a finales de los noventa: sobre casas de locas en Marta Aponte Alsina y verdaderas historias en Luis López Nieves”. El cuento en red: revista electrónica de teoría de la ficción breve: http://cuentoenred.xoc.uam.mx/tabla_contenido.php?id_fasciculo=245
11-Mayra Santos Febres, editora, Mal(h)ab(l)ar: antología de la nueva literatura puertorriqueña (1994-1997). Puerto Rico: Yagunzo Printing, 1997.
12-Carlos Roberto Gómez et alii, Los nuevos caníbales, La Habana-San Juan-Santo Domingo, Ediciones Unión-Editorial Búho-Isla Negra Editores, 2000.
13-Una corriente que se inicia en algunas narraciones de Ana Lydia Vega, Manuel Ramos Otero y Luis Rafael Sánchez cobra protagonismo en la cuentística de Mayra Santos Febres, Emilio del Carril y Carlos Vázquez Cruz. Se trata de la literatura erótica, con fuertes tintes de homoerotismo.
14-Mario Cancel, Literatura y narrativa puertorriqueña: la escritura entre siglos, San Juan, Editorial Pasadizo, 2007.
15-H.P. Lovecraft, The Annotated H.P. Lovecraft, New York, Dell, 1997, p. 336, traducción mía.


Marta Aponte Alsina fue directora de la División de Publicaciones y Grabaciones del Instituto de Cultura Puertorriqueña y de la Editorial de la Universidad de Puerto Rico. Editó la revista Libroguía: el universo del libro en Puerto Rico. Ha publicado varios ensayos de crítica literaria. Es autora de cuatro novelas y dos libros de relatos: Angélica furiosa (novela, 1994), El cuarto rey mago (novela, 1996), La casa de la loca y otros relatos(Alfaguara, 2001), Vampiresas (novela corta, 2004), Fúgate (relatos, Sopa de letras, 2005) y Sexto sueño (novela, Veintisiete letras, 2007).

Imagen: Litografía de la artista portorriqueña Marta Pérez García.