12 junio 2008

Oficios - Juan Carlos Márquez.


Al fin podemos leer el primer libro de relatos de Juan Carlos Márquez, amigo bloguero y del que, además de los textos que incluye en su blog “Relataduras” con frecuencia, algunos de los cuales han pasado a este “Oficios”, pudimos leer su muy buen relato “Las preposiciones de Blint” en la antología “Parábola de los talentos”. “Oficios” (Editorial Castalia) es el primero de los dos libros de relatos que este año va a publicar Juan Carlos. A la espera de “Norteamérica profunda”, ha llegado ya a las librerías “Oficios”, premiado además con el último premio Tiflos.

El libro lo componen catorce relatos titulados con la enumeración de las “profesiones” de sus protagonistas. Un hilo fino para enmadejar las historias, pero sobre todo un matiz irónico desde su título -la puerta de un relato, al fin y al cabo-. Porque el lector afortunado, que tenga ganas de disfrutar, reír y regocijarse con un desfile de humor, ironía, y un cinismo muy “sui generis”, bastante tierno y surrealista, está avisado desde el mismo título de sus historias de que lo que dentro de ellas ocurra sólo cabe entenderlo bajo la lógica visionaria y desarticulada, pero perfectamente estructurada, de su autor: juguetón, raro y feliz. Decían Gertrude Stein y Mecano aquello de “Una rosa es una rosa es una rosa”, y Juan Carlos Márquez se empeña en lo contrario: “Un faquir no es un faquir no es un faquir; un bracero no es un bracero no es un bracero”. Y es que el método utilizado por el autor, un delirio controlado donde el surrealismo se da la mano con la sátira social, mezcla una libertad de exposición absoluta –los relatos parecen desarrollarse porque sí, pasando de un tema, personaje o profesión a otro con una naturalidad pasmosa- con un esfuerzo grande de estructuración de cada historia. Al final notamos que lo que se nos cuenta tiene un sentido último que el autor no ha perdido nunca de vista, y que ha organizado una fiesta donde hay todo tipo de bebidas, pero en la que él controla a la perfección cuánto se bebe, y por quién.

Hay un predominio de un humor jovial, y uno tiene la sensación de que el escritor ha disfrutado enormemente escribiendo estas historias –sé que eso no será verdad, que cada uno de los relatos tendrá sus inconvenientes técnicos y sufrimientos varios para el escritor, pero el lector siente la transmisión de una “joie d’écrire” bien patente-. El buen humor con el que se contemplan historias con tanta mala leche como “Braceros, oficiales de primera y amas de casa” o “Faquires, decoradoras de interiores y geishas”, impregna de una personalidad tan acusada al libro que cuando en los últimos relatos del libro el tono cambia, pasando a una mezcla de lirismo menos contenido, “Marineros, amas de casa y presos”, o con toques kafkianos, “Carniceros, prostitutas (otra vez) y tenientes”, la eficacia del libro cae, a mi parecer. Esos últimos relatos carecen de la contundencia y claridad de los anteriores, que marcan un ritmo delicioso de lectura por el que uno quiere leer con avidez cada una de las historias para descubrir desde qué posición original las ha contado Juan Carlos.

Verborreico, ágil, directo, Márquez recorre distintas cuerdas de la misma guitarra experimentando con variadas perspectivas narrativas. Del divertido diálogo de “Muertos ambulantes, floristas y funcionarios”, a la fantasía digna de Woody Allen de “Psiquiatras e hipnotizadores”, o al voyeurismo, como el Kieslowsky de “No amarás” pero con sentido del humor, de “Concejales, ex modelos de lencería y estudiantes”, al delirio poético, paneriano, de “Taquígrafos y poetas”, o el homenaje a todos los psychokillers que en este mundo han sido en “Desinsectadores, madres posesivas y prostitutas”, hasta la metaliteratura descarada, casi una clase de taller literario con mala sombra, de “Narradores déspotas”.

En todos esos relatos Juan Carlos Márquez mira nuestra realidad con una extrañeza tan grande, que se acoge a los recovecos del humor, el absurdo y el surrealismo para combatir los desajustes hormonales que despierta en nosotros, eternos adolescentes, un mundo que no entendemos, pero que a veces nos descacharra de la risa.

Y donde mejor se aprecia eso es en mis dos relatos preferidos del libro, que al principio mencioné, en los que Juan Carlos ha descrito con agudeza genial y envidiable habilidad literaria, pero sobre todo con gran naturalidad, como si lo dicho formara parte de nuestra cotidianidad, creyéndose lo que cuenta –primer deber del cuentista-, la lucha de clases al estilo siglo XXI. “Braceros, oficiales de primera y amas de casa” y “Faquires, decoradores de interiores y geishas”, son dos magníficos relatos, recomendables a todo aquel que quiera iniciar el día con alegría, como decía aquel anuncio, dos historias aéreas, ligeras, casi dos vodeviles de nuestro ahora mismo, en los que late una nostalgia subterránea, de faquir dañado sin nadie que le reponga de sus dolores, de bracero arrinconado bajo la mesa camilla de la actualidad y los paisajes olvidados de los personajes que no se quejan.

Son mis relatos preferidos de un libro que sabe a poco, una excelente carta de presentación para un cuentista que bebe de distintas tradiciones pero a la vez tiene una voz propia, distinta, autorizada y autoritaria, incluso déspota cuando lo necesita, un patrón que aquí ha contratado a braceros, carniceros, maquinistas, taxistas y cuantos trabajadores ha considerado necesarios para trazar un mapa del oficio más antiguo del mundo, el de contar y lograr que alguien te escuche con atención.

El sábado 14, de 19 a 21 h, en la caseta 246 de la Feria del Libro de Madrid, Juan Carlos Márquez firmará ejemplares de su libro.

6 comentarios:

Pat Rizia dijo...

yo espero que llegue pronto y poder leerlo, porque Juan Carlos tiene todo mi respeto, como autor y como lector. Un saludo, Patro.

manuespada dijo...

Tiene una pinta estupenda. Yo lo pedí hace unos 15 días por internet y aún no sé nada.

Sergi Bellver dijo...

Ayer leí la reseña que Santos S. Villanueva le hizo en El Cultural a Sicília, invierno y, además de una gran emoción y alegría por mi amigo Nacho Ferrando, sentí una doble punzada: reconciliación con cierta parte de la crítica "oficial" (una reconciliación parcial, sin pasarse, que corra el aire), por haber visto tan bien el libro de un (casi) recién llegado (para ellos, lo es). Pero también me fastidió, porque salvo en dos puntillas, todo lo que dijo Santos S. Villanueva (y lo que dijiste tú en tu entrada anterior) me "chafaba" la reseña que preparo del libro. Ya está todo dicho.

Me acaba de pasar lo mismo contigo, Miguel Ángel, has hecho una estupenda y honesta reseña del libro de Juan Carlos, libro que me conozco ya bastante bien y tengo a estas alturas reposado, maduro (el mejor momento para cosechar reseñas). Luego, ¿y ahora qué digo?

Bueno, también hay un par de puntillas que veo de distinta manera, a ver si desde ahí saco algo...

Pero el caso es que estoy de acuerdo hasta en los peros, y las virtudes, y tus cuentos favoritos (sobre todo "Braceros", que ya me conquistó antes de ser papel y por eso Juan Carlos tuvo el detalle que tuvo).

Un abrazo fuerte, señor Muñoz, y enhorabuena por seguir fiel a ti mismo.

David Condés dijo...

Hace tiempo que el mundo del cuento se mueve bastante, pero ya hasta se siente el cosquilleo en los huecos poplíteos.
Braceros también me ha cautivado.
Saludos,
David

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Ya me lo he pedido, estoy deseando leerlo.
En el libro "A contrarreloj II" de Editorial Hipálage, página 49, también hay un relato mio, puedes verlo en mi blog:
http://misrelatosyotrascosas.
blogspot.com/2008/03/el-caf.html
Me alegra estar junto a todos estos señores.

Saludos

Sergi Bellver dijo...

Por cierto, en esa antología de micros, A contrarreloj II, hay "caras conocidas" por mí, e incluso dos flamantes galardonados en aquella cosa quijotesca y entrañable que vino a llamarse "Premio Diomedea"...

Siento placer y cierto orgullo de abuela al verlos en papel.