
¿Hasta qué punto los libros de relatos de un escritor no se van construyendo como un único libro construido con las depuraciones, los trasvases, el contacto y la fertilidad narrativa entre los distintos volúmenes de relatos que el cuentista escribe? Las respuestas a esta pregunta son tan variadas como escritores consultemos. Incluso cabe la posibilidad de respuestas contradictorias. Puede que un cuentista vaya publicando libros distintos en apariencia en intenciones, temática y resultado, y sólo la acumulación de historias y disparos narrativos vaya descubriendo, a lo largo del tiempo, las sintonías, las obsesiones entrecruzadas presentes en su modo de contar. Ese gran libro imposible de edificar, pero sí planificable. Si bien tenemos multitud de ejemplos de ciclos novelescos, no es tan frecuente que esto ocurra con el relato, cuando en su origen la concepción del relato estaba muy cercana de la arquitectura “novelesca” o “temática” del relato, como en “Las mil y una noches” o “El Decamerón”, o nuestras “Novelas ejemplares”. La idea moderna del volumen de relatos va por otro lado, pero la libertad experimental con que las tendencias postmodernas han imbuido a la literatura permite acogerse, también en el campo del relato, a novedosos y creativos intentos estructurales.
El ecuatoriano Leonardo Valencia, nacido en Guayaquil en 1969, es autor de un libro de relatos, “La luna nómada”, al que él ha incluido en un concepto al que denomina como “ficción progresiva”, o “literatura nómada”.
Declara Valencia en el post-scriptum de la edición de 2004 de este libro (anteriormente editado en dos ocasiones): “En resumen, hacer un libro nómada, un libro impredecible, un libro de cuentos que no se pueda fijar más allá de un tiempo relativamente corto. Ante tantos libros nuevos, quiero que esta luna siga en órbita: siempre la misma pero siempre distinta. Así que añado otros cuentos, corrijo y elimino alguno. Sé lo que pierdo –la paciencia de cualquier editor convencional, por ejemplo-, pero también sé o intuyo lo que gana este libro –un editor creativo y arriesgado, un lector dispuesto a comprender la paciencia de la literatura, y una aventura abierta para mí mismo”.
No se trata, únicamente, de ampliar la colección de relatos, de ir depurando o seleccionando con el tiempo aquellos que puedan participar de modo más coherente en el proyecto total. El autor quiere también corregir cada relato interminablemente, ajustarlo a las líneas formales que imagina para toda la colección. Establecer lentamente un canon personal que sobreviva a la propia construcción minuciosa y progresiva del conjunto proyectado.
Hay proyectos de cariz parecido en español. El más obvio es “La velocidad de las cosas”, de Fresán, libro de relatos constantemente ampliado. “La luna nómada” cumple a medias su promesa. A medias porque el proyecto queda anunciado y resulta interesante y atractivo, pero también porque aún la densidad del libro no es tanta como para que podamos juzgar la profundidad y resultados del mismo. Como presentación, desde luego, es excelente. A las cien páginas escasas de la primera edición ecuatoriana se han añadido otras tantas en la segunda edición ecuatoriana (Paradiso Editores) y española (Calembé), ambas de 2004. Catorce relatos variados y de enorme creatividad caracterizados por la diversidad temática y la prosa limpia y elegante que sorprende por su pureza y fácil lectura. Valencia construye varios relatos sobre puros conceptos o digresiones conceptuales, “El demonio en Palestrina” -sobre el fondo demoníaco y el epicentro geográfico del “Doktor Faustus” de Mann- o “Insuperable capítulo seis”, en el que el autor halla paralelismos casi numerológicos y al tiempo literarios en los capítulos seis de ciertas obras literarias. Este relato, por supuesto, ocupa el sexto lugar entre los relatos del volumen. “Las emisarias” es un relato con ecos de Henry James -de cuyo autor una cita encabeza el volumen, junto a otra de Perec, definitorio- en el narrador de la historia, y con ecos de “El quimérico inquilino” en la atmósfera del cuento, protagonizado por un personaje, Dacal, que aparece en otro relato del libro, y también, cerrando su historia personal, en “La sangre de Kálister”, el relato con el que Leonardo Valencia participó en la antología de cuento latinoamericano “Bogotá 39”, el año pasado, demostrando que “La luna nómada”, aun sin nueva edición a la vista, sigue creciendo en la mente y la obra de su autor.
Leonardo Valencia tiene un indudable toque borgiano en algunas de sus historias, pero sin caer en la devoción plasta de tantos borgianos. Sus relatos de ambiente italiano, al contrario que suele ser habitual, son entretenidos, y sus finales, sin procurar la sorpresa bizarra o el desenlace sorpresivo, introducen siempre un giro irónico y muy apropiado en las historias, como en “No se necesita una razón”, sobre la impostación que hay tras cada secreto que guardamos celosamente. Es capaz de ser onettiano en el hermoso y enigmático “Triángulo de las esquinas”, y de contar un cuento chino de trazo limpio en “El ideograma”. “El ojo del cíclope”, magnífico, es una bella e inquietante metáfora del aislamiento cubano y un homenaje a Lezama Lima. Pero también se acerca, en los últimos relatos del volumen, a historias de ambiente histórico desarrolladas en el Guayaquil natal.
Como mencionaba en el párrafo antes transcrito, Valencia aspira a crear un “libro impredecible” y lo consigue. Es un libro abierto, variado y hábil, y el comienzo todavía demasiado breve de un volumen amplio en el que sus cuentos puedan nutrirse unos a otros, y encontrar los ecos adecuados, y construir ese libro nómada con los relatos que Valencia no deja de imaginar para él.
El ecuatoriano Leonardo Valencia, nacido en Guayaquil en 1969, es autor de un libro de relatos, “La luna nómada”, al que él ha incluido en un concepto al que denomina como “ficción progresiva”, o “literatura nómada”.
Declara Valencia en el post-scriptum de la edición de 2004 de este libro (anteriormente editado en dos ocasiones): “En resumen, hacer un libro nómada, un libro impredecible, un libro de cuentos que no se pueda fijar más allá de un tiempo relativamente corto. Ante tantos libros nuevos, quiero que esta luna siga en órbita: siempre la misma pero siempre distinta. Así que añado otros cuentos, corrijo y elimino alguno. Sé lo que pierdo –la paciencia de cualquier editor convencional, por ejemplo-, pero también sé o intuyo lo que gana este libro –un editor creativo y arriesgado, un lector dispuesto a comprender la paciencia de la literatura, y una aventura abierta para mí mismo”.
No se trata, únicamente, de ampliar la colección de relatos, de ir depurando o seleccionando con el tiempo aquellos que puedan participar de modo más coherente en el proyecto total. El autor quiere también corregir cada relato interminablemente, ajustarlo a las líneas formales que imagina para toda la colección. Establecer lentamente un canon personal que sobreviva a la propia construcción minuciosa y progresiva del conjunto proyectado.
Hay proyectos de cariz parecido en español. El más obvio es “La velocidad de las cosas”, de Fresán, libro de relatos constantemente ampliado. “La luna nómada” cumple a medias su promesa. A medias porque el proyecto queda anunciado y resulta interesante y atractivo, pero también porque aún la densidad del libro no es tanta como para que podamos juzgar la profundidad y resultados del mismo. Como presentación, desde luego, es excelente. A las cien páginas escasas de la primera edición ecuatoriana se han añadido otras tantas en la segunda edición ecuatoriana (Paradiso Editores) y española (Calembé), ambas de 2004. Catorce relatos variados y de enorme creatividad caracterizados por la diversidad temática y la prosa limpia y elegante que sorprende por su pureza y fácil lectura. Valencia construye varios relatos sobre puros conceptos o digresiones conceptuales, “El demonio en Palestrina” -sobre el fondo demoníaco y el epicentro geográfico del “Doktor Faustus” de Mann- o “Insuperable capítulo seis”, en el que el autor halla paralelismos casi numerológicos y al tiempo literarios en los capítulos seis de ciertas obras literarias. Este relato, por supuesto, ocupa el sexto lugar entre los relatos del volumen. “Las emisarias” es un relato con ecos de Henry James -de cuyo autor una cita encabeza el volumen, junto a otra de Perec, definitorio- en el narrador de la historia, y con ecos de “El quimérico inquilino” en la atmósfera del cuento, protagonizado por un personaje, Dacal, que aparece en otro relato del libro, y también, cerrando su historia personal, en “La sangre de Kálister”, el relato con el que Leonardo Valencia participó en la antología de cuento latinoamericano “Bogotá 39”, el año pasado, demostrando que “La luna nómada”, aun sin nueva edición a la vista, sigue creciendo en la mente y la obra de su autor.
Leonardo Valencia tiene un indudable toque borgiano en algunas de sus historias, pero sin caer en la devoción plasta de tantos borgianos. Sus relatos de ambiente italiano, al contrario que suele ser habitual, son entretenidos, y sus finales, sin procurar la sorpresa bizarra o el desenlace sorpresivo, introducen siempre un giro irónico y muy apropiado en las historias, como en “No se necesita una razón”, sobre la impostación que hay tras cada secreto que guardamos celosamente. Es capaz de ser onettiano en el hermoso y enigmático “Triángulo de las esquinas”, y de contar un cuento chino de trazo limpio en “El ideograma”. “El ojo del cíclope”, magnífico, es una bella e inquietante metáfora del aislamiento cubano y un homenaje a Lezama Lima. Pero también se acerca, en los últimos relatos del volumen, a historias de ambiente histórico desarrolladas en el Guayaquil natal.
Como mencionaba en el párrafo antes transcrito, Valencia aspira a crear un “libro impredecible” y lo consigue. Es un libro abierto, variado y hábil, y el comienzo todavía demasiado breve de un volumen amplio en el que sus cuentos puedan nutrirse unos a otros, y encontrar los ecos adecuados, y construir ese libro nómada con los relatos que Valencia no deja de imaginar para él.

2 comentarios:
¿Te veremos en lo de Ficción sur en Madrid el quince, MA?
Por favor lean este relato:
http://www.autorneto.com/Literatura/Cuentos/Etebrio.78096
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