11 febrero 2008

Astrolabio - Ángel Olgoso


Ángel Olgoso no es exactamente un escritor. Olgoso, más bien, es un hipnotizador en busca de ojos que sugestionar, un carpintero que se ciñe a las maderas nobles, un músico con el estilo breve y enigmático de Ánton Webern, un amante que no desea que acabe la sensual noche, un botánico atraído por la vida larga de las gencianas, un atrevido que ansía atrevimientos, un tímido lento que como Conrad sopesa cada palabra antes de colocar la siguiente, un buceador de simas demasiado profundas, un escenógrafo de la virtud a través de la morbosidad de lo oscuro, un moralista que siente querencia por la vermiforme sustancia que acabamos siendo todos, un coleccionista de objetos raros e insensatos, un poeta en relato libre, un paracaidista del sustantivo, un inventor, como Cela en la película “La colmena”, de palabras que otros inventaron y nosotros dimos en olvidar, Olgoso es un mago sin chistera, Olgoso es la respuesta a la pregunta de para qué ser escritor de relatos, a pesar de la ingratitud de editoriales, lectores y ejecutivos de medio pelo que cuadran cuentas sin cuentos.

Ahora llega “Astrolabio”, un libro que no originará debates en revistas culturales o suplementos y sitios así sobre el futuro de la narrativa española, un libro que quizás, como “Los demonios del lugar”, pase por manos de reseñistas que no se ocuparán de él porque tienen que ensalzar alguna novedad hueca o ocuparse de “lo que pasa en la calle”, el último genio de la literatura española y futuros olvidos. Un libro bellamente editado que los dependientes de las librerías no tardarán en colocar de canto en los estantes. El teléfono de su portada no sonará lo que sería necesario. Pero los que hemos leído este libro, como los que leímos “Los demonios del lugar”, difícilmente sortearemos el impacto de belleza pura que resume su contenido, sus historias, su empeño íntimo.

Muchas veces se utiliza el símil de la piedra preciosa para hablar de una obra de arte bella. También la contraportada de este libro editado por la editorial granadina “Cuadernos del vigía” lo hace. Relatos construidos como “taraceas de materiales preciosos”, dice. Y es cierto. Olgoso tiene la capacidad de contarnos cada relato como si sintiéramos que está construido para nosotros -para nuestro solaz, recitaban los antiguos libros de aventuras-, tallado en exclusiva como una piedra preciosa. Incluso aquellos relatos en que se rinde tributo al guiño final, a la palabra que cambia todo el sentido del relato, al destello de ingenio –más presente aquí que en “Los demonios del lugar”-, desposeídos de ese adorno, nos quedan poemas en prosa –aquí sí tiene sentido esa expresión-, homenajes a la armónica y rítmica utilización del sustantivo exacto y del adjetivo evocador y científico a la vez.

“Los demonios del lugar” contenía relatos de muy diversa extensión e inspiración. Si aquí encontramos la misma variedad temática –relatos orientales, gabinetes de maravillas, inventos diábolicos, miradas de amor que quedan como flechas clavadas en la madera a la espera del tiempo destructor, dinosaurios y mundos primigenios o mínimos, brumas de una Europa victoriana donde las fantasmagorías tenían dueños que comerciaban con ellas- en cambio la extensión es uniforme y casi ninguna historia pasa de las 2-3 páginas. La disposición de los relatos en el libro sigue una estructura musical, con picos brillantísimos seguidos de relatos llenos de oficio e iluminaciones que dan paso a nuevas cumbres tan breves que la palabra “cumbre” queda magnificada por su referente. El dibujo de un electrocardiograma rítmico que nos atenaza el corazón. Hay relatos que he leído sobrepasado por su belleza inexplicable –“Espacio”, y no sólo porque su autor me lo haya dedicado, sino porque es una poética perfecta para el escritor de relatos, “Historia del rey y del cosmógrafo”, “Las tres ascensiones de Hui Ji”, “Los bajíos”, “La ciénaga”, “Todas hieren”, obra maestra destinada a ser clásica; “Caballeros de los puentes”, la pesadilla de un obispo de la Conferencia episcopal; “De Il Corriere della Sera”, el relato ecologista que todos los niños deberían aprender en la escuela; “Las barbas del cielo” o “La quinta extinción”, dos muestras de que las criaturas grandes y pequeñas caben por igual en el mundo alucinado y múltiple de Olgoso-. Cada lector tendrá sus relatos.

Los que amamos el cine siempre deseamos que una tercera entrega cerrara la saga de “El Padrino”, aunque luego, cuando llegó, decepcionara a casi todos. Del mismo modo, Olgoso nos ha entregado casi de una tacada dos libros maravillosos que yo coloco en una trilogía imaginaria que querría ver concluida, para que este episodio fabuloso acabe bien, o sólo por el egoísta afán de desear más y mejor, aunque sea difícil recorrer ese camino de perfección, que es el ansia procurada por el escritor granadino.

“Los demonios del lugar” ha sido elegido por la revista digital Literaturas.com –donde se reprodujo el entusiasmado comentario publicado en este blog- y la revista La Clave el mejor libro del año 2007. Este “Astrolabio” estrena el 2008 de manera inmejorable. El que piense que es un libro que funciona como continuación menor del anterior, -libro que formará parte de más de un canon, para empezar del canon sentimental de los amantes del cuento-, se equivoca. Es un volumen que complementa a aquel, y sus fallas, algunos de sus relatos no tan perfectos como Olgoso nos ha mal acostumbrado, no hacen sino restituir intacta la grandeza de “Los demonios del lugar”. No tengo la menor duda de que la prosa que encontramos en “Astrolabio” tiene una pureza y una exactitud a la altura de nuestros mejores escritores. Y pienso en clásicos como Ayala o Delibes, por ejemplo. Lástima que Olgoso no escriba novelas ni vista gafas de pasta; lástima que su genética no le hubiera permitido ser Ángela en vez de Ángel y narrar problemas sentimentales o sexuales acuciados por el jet lag o los vuelos charter o los zapatos o bolsos de Prada; lástima que Olgoso no sea madrileño ni viva en Lavapiés; lástima que Olgoso haya leído tanto y bien, y sea tímido y prudente y se limite a escribir como pocos, pero no tenga una columna boba en un periódico nacional; lástima que sus libros no sean de risa y sus historias no sean históricas. Lástima que no vivamos en un mundo perfecto, y no se privilegie editorialmente la gran literatura, en lugar de la literatura benévola o al peso. ¿Alguna vez ese mundo fue? No lo creo, así que no debemos lamentarnos, y lo de antes no ha querido ser un lamento. Todos sabemos cómo funciona este negocio, que se vivifica con muchas nuevas editoriales dedicadas a publicar literatura sudamericana y clásicos “olvidados” pero no a escritores españoles de ahora mismo. Un negocio que hace pasar por carne de primera lo que no son sino despojos de tercera categoría. Un negocio triste en el que, supongo, grandes escritores como Olgoso –que supongo también no tendrá agente editorial- no pueden vivir de su trabajo literario mientras tantos vulgares viven de libros de encargo que ni siquiera le encargan los demás, sino que se encargan a sí mismos. Esta perorata, quizás inadecuada en este comentario sobre “Astrolabio”, simplemente quiere constatar lo evidente. La calidad literaria, hoy, no tiene ningún valor mensurable en ventas o trascendencia editorial, y cuando editores mentirosos y escritores mentirosos afirman desde sus poltronas de libros con adelanto que es falso eso de que no hay grandes libros escondidos en cajones y que cualquier buen escritor acaba saliendo a la luz flamígera de la crítica y los lectores, olvidan referir que si algunos de esos buenos escritores con grandes libros acaban siendo conocidos y encontrando su grupo fiel de lectores apasionados es, simplemente, porque confían en sus propias posibilidades, y porque se sobreponen al desánimo y las editoriales pequeñas en las que sus libros viven, sabiendo que estos merecerían más y que su obra es más, y que si llegan es porque ellos deciden llegar. Olgoso es Olgoso porque él ha querido y porque, supongo por último, no se ha dejado vencer, aún sabiendo que su obra es más.

Después de una semana de pleno desánimo, una semana invernal con 23 grados en Almería, uno llega vivo al fin de semana, y lee “Astrolabio”, y durante unas horas es feliz como lo era cuando descubría a los clásicos y el tiempo era moldeable. A diferencia de entonces, ahora uno sabe que el mundo es imperfecto y no tiene lógica, pero también tiene la absoluta seguridad de que, en algunas páginas escritas por hombres de ahora mismo, la belleza vive, lo perfecto vive.


19 comentarios:

Pepe Cervera dijo...

Miguel Ángel, he liquidado este fin de semana el libro que comentas y coincido con tu entusiasmado comentario. Es cierto que aquí se acerca más a la poesía que en el volumen anterior. Ha conseguido un libro hermoso.
Ángel Olgoso es un gran escritor y lamentablemente mayor desconocido ¿por qué?
Un fuerte abrazo.

Adela Fernández dijo...

Enhorabuena Miguel Ángel, por descubrirnos a Olgoso. Lo leí hace unos meses y coincido plenamente con tus elogios. Que corra la voz.

Sebastian dijo...

Miguel Angel: felicitaciones por tus ensayos. Te he linkeado a mi blog literario, por el que espero te des una vuelta: http://www.eltiempo.com/participacion/guialiteraria

Olvido dijo...

Miguel Ángel, esa es la función de quien hace una critica de un libro, entusiasmar a los futuros lectores de esa obra .Compartir la ilusión de la lectura. Creo que has utilizado las mismas artes hipnotzadoras para hacérnoslo llegar.
Un saludo

Juan Carlos Márquez dijo...

Voy a tener yo que leerme a este Olgoso...

RUGAC dijo...

http://sietevoces.blogspot.com/2008/02/la-soledad-y-la-belleza.html

miguel ángel zapata dijo...

Sí, de nuevo Ángel. Sí, otra vez una editorial pequeña. Sí, los debates acalorados para escritores sin fiebre. Sí, existen obras maestras en cajones sin fondo o en sellos minúsculos. Sí, Olgoso guarda una supernova y un par de agujeros negros bajo su mesa de trabajo. Sí, ama las superficies pulidas, las que brillan levemente tras los anaqueles. Sí, es un ser bueno y generoso como sus prodigios de tinta. Sí, sí, portentoso.
P.D.: ante tanta afirmación, no queda más que alegrarnos, albricias y pan de Madagascar: el artista está en nuestra jaula, es nuestro, nuestro, nuestro, nos pertenece... Saludos, M.A. Felicidades por todo, Rector.

Ana dijo...

Estuve ayer en la presentación de Astrolabio aunque debo confesar que apenas había tenido tiempo de leer tres relatos del libro.
Lamento que la presentación por parte de José Vicente Pascual, al que sigo en su columna de Ideal, no estuviera a la altura de la obra presentada. De cualquier modo, todos los presentes disfrutamos de las palabras de Angel Olgoso y de la lectura emocionada que algunos de sus compañeros y amigos hicieron de un ramillete de sus cuentos.
Me alegra que nos incites a la lectura de los textos de Olgoso y coincidir con tu opinión de que es un escritor excepcional. Alguna vez se darán cuenta de la existencia de una magnífica literatura escondida y por descubrir que otros ya hemos tenido el privilegio de leer.

El presentador que no estuvo a la altura dijo...

Querida amiga Ana, lamento muchísimo que no te gustase mi presentación de Ángel. Puedo asegurarte que hice todas las diligencias posibles para estar a la altura de las circunstancias; me desplacé desde Sevilla, reservé habitación en un hotel, releí cuatro veces el libro (una en manuscrito inédito hace tiempo y las demás en Cuadernos...),intenté documentar mis palabras en otros autores... pernocté debidamente, y este mediodía, de regreso, encuentro este comentario tan desolador que en verdad me suena a ínfima desaprobación de mis afanes por presentar a Ángel como una excepción magistral en el viscoso mundo de la cultura oficial en el que estamos condenados a desenvolvernos. No sé qué te picó de mi intervención, pero si algo puedo hacer para resarcirte, no tienes más que decirlo. Bueno, una compensación se me ocurre, en forma de consejo: no me leas en IDEAL, ni mucho ni poco. Así te ahorras la zozobra o el mal rato de que mi humilde prosa no esté a la altura de tus altas expectativas.

PS./ Hablando de estar a la altura de las circunstacias, aún estoy esperando a que el editor de Astrolabio tenga a bien decirme siquiera "gracias, no me ha gustado tu intervención pero pegarte el viaje, emplear dos días en este negocio y gastarte un dinerín en desplazamiento y hotel, guita que no te sobra,es un detalle que no por irrelevante deja de merecer una palabra amable". Ni un "ahí te pudras", oye. Cómo es la gente.

Miguel Sanfeliu dijo...

Miguel Ángel, ante tu texto sólo puedo decir: ¡Bravo!

Y, aunque no estuve presente, le digo al presentador que no estuvo a la altura que gracias por las molestias que sufrió, pues su comentario me ha llegado al alma y pienso que algo así sólo se hace por admiración y amor a la literatura.

un abrazo.

Claudia 2008 dijo...

La portada es maravillosa. Conservo un teléfono igualito que era de mi abuelo. Dios sabe qué conversaciones esconde en su caja torácica. Seguro que son dignas de ser noveladas. Un saludo y admiración.

Honora dijo...

Ciertamente se pueden encontrar hermosas perlas entre la basura, y las reseñas de Miguel Ángel, tan claras y tan sinceras, prueban que la calidad literaria brilla tras mazacotes como "Un mundo sin fin" empantanando las mesas de las librerías. Cada época ha tenido sus lastres, y la nuestra debe aprender a convivir con el horror de la superproducción, que requiere una sutil labor de selección y un refinamiento del gusto. Gracias, Miguel Ángel, por facilitarnos el camino.

miguel ángel zapata dijo...

Hola, Pascual. Si le sirve de desagravio (aunque ni pincho ni corto, pero gusto de desfacer entuertos), sus panegíricos sobre Olgoso han sido siempre brillantes, arrebatados y honestos. No es preciso hacer una tesis en la presentación de un libro, sólo dejar que éste hable o grite o enmudezca como le plazca. Mientras siga escribiendo maravillas como "El Arpa de Oriente" puede estar usted o no a la altura de presentaciones y demás zarandajas. Un saludo. Y un nuevo chapeau al amigo Ángel, maestro y colega.

Juan Carlos Márquez dijo...

Supongo que lo sabrás, Miguel Ángel, pero te lo comento por si acaso: en Literaturas.com los lectores ha elegido "Los demonios del lugar" como mejor libro de 2007.

miguel ángel zapata dijo...

Hola, juan carlos. No sé si seré yo el M.A. al que te refieres. Sí, sé lo de Olgoso. Ya era hora de reconocimientos y honores. ¡Aunque a mi libro no le haya dejado ni las migajas! Bravo, Ángel.

Juan Carlos Márquez dijo...

Me refería al anfitrión, a Miguel Ángel Muñoz, pero bienvenido es tu comentario, Miguel Ángel Zapata (que le quitas el Miguel y se convierte en Ángel Zapata). Menos mal que no está por aquí el otro Miguel Ángel Muñoz cuentista ni el Miguel Ángel Muñoz presunto cantante y bailarín, que si no menudo lío.

Saludos

EDUARDO CANO dijo...

¡Salgo ya mismo, a encontrar mi Astroabio!

Gracias Ángeles.

Sara Rubio dijo...

HOLA

De casualidad cai en tu blog, buscando como descargar libros de angel olgoso, me encanto tu escrito aunq debo admitir que no lo he terminado debedi a falta de tiempo, aun asi si puedes agregarme para que me comentes mas o me puedas brindar lugares en dodne encontrar libros de el te lo agradeceria, ya que llevo alrededor de 2 años intentando conseguir un libro suyo (minimo) pero sin ningun resultado.

Gracias te dejo mi correo por si pudieras agregarme y asi platicar, gracias por tener estas referencias de un autor desconocido para mi pero ansiado por mis ojos.

salu2

abi_rubi@hotmail.com

Sara Rubio dijo...

HOLA!

Te habia hecho todo un comentario bien estructurado como tu critica de angel, esta maravilloso, nunca he leido algo de el (he buscado desde hace muchos años pero sin ningun resultado) te dejo mi correo para que me puedas comentar mas de los libros de el, te lo agradeceria.

abi_rubi@hotmail.com

salu2