1. Nombrar a Carlos Castán, para los aficionados al cuento, es referirnos a una larga ausencia, desde el 2000 en que se publicó la primera edición de este ahora reeditado por Tropo Editores "Museo de la soledad", inaugurando su colección "Segundo asalto". Creo que todos los lectores que te admiran se preguntarán a qué obedece el que no hayas publicado desde entonces otro libro de cuentos.
Ojalá supiera responder de una manera precisa. Lo primero que debo reconocer es que ni soy un escritor de raza ni poseo eso que suele llamarse oficio. Tengo, en cambio, una querencia natural hacia la contemplación que me hace ir despacio, mirarlo todo, dejar que las cosas acaben por posarse. He escrito textos a lo largo de estos años, he abordado proyectos íntimos, pero no me desligo del pavor que me da terminar hablando simplemente por hablar, escribiendo historias prescindibles y demasiado superfluas.
2. Es curioso. Tus dos libros de cuentos han dispuesto de la oportunidad de "dos asaltos". "Frío de vivir" fue publicado en 1997 por la minúscula editorial zaragozana "Zócalo", y al poco fue reeditado por la editorial Salamandra; "Museo de la soledad" fue publicado en el 2000 en la editorial Espasa, y siete años después ve de nuevo la luz, en este caso en una editorial minoritaria y otra vez zaragozana, Tropo Editores -en una edición a mi gusto más bella y mejor editada que aquella primera de Espasa-. ¿Crees que el cuento es un viaje de ida y vuelta, y que su equilibrio editorial es siempre inestable, como también el del autor de cuentos?
Me encantó que en su momento Anagrama reeditara Velocidad de los jardines, de Eloy Tizón, y que más o menos por esos días, Salamandra hiciera lo propio con Frío de vivir. Fueron dos noticias verdaderamente estimulantes para mí. En general, se trate de cuentos o de novela, lo que me molesta es la escasa vida de los libros, el modo tan amargo que tienen de desaparecer del todo. Y también los criterios de muchas editoriales, la concepción del libro como producto, los estudios de mercado, la falta de imaginación, el miedo a arriesgar lo más mínimo que perjudican indudablemente al género del relato aunque, en resumidas cuentas, lo que sale perdiendo es la literatura.
3. En el primer relato de "Frío de vivir", "El andén de nieve", identificas ya la tarea del narrador como la de un perseguidor de prodigios, aunque al final de la historia, el propio narrador reconoce que "Bastante difícil lo tengo y lo sé, no albergo demasiadas esperanzas". ¿Se ha perdido, en favor del puro realismo, esa capacidad cortazariana del cuento de continuar rebuscando entre los pliegues de la realidad hasta dar con esos prodigios cotidianos?
Quizá el problema sea una manera inadecuada de entender el realismo. Realismo no es la ausencia total de adjetivos porque en la realidad los objetos poseen cualidades, ni un lenguaje necesariamente banal para narrar una historia tan inane que apenas lo es. En la realidad a veces ocurren cosas sorprendentes, existen diversos planos y también, como escribía Labordeta, sucede el pensamiento. La realidad no son sólo bares, objetos del día a día y marcas de coches, sino también el miedo, la culpa, la esperanza. No podemos limitarnos a llamar realidad a la superficie de las cosas. A veces el problema es de falta de hondura o de perspicacia, de no saber mirar todo aquello que quizá no se muestra a primera vista. En Frío de vivir, especialmente en algunos de los cuentos, lo que quería era mostrar la irrupción de sombras sin nombre y de ciertos elementos fantásticos por entre las grietas de un mundo en apariencia lógico y ordenado, una inquietud que se asoma, algo que de repente no sabemos dónde colocar.
4. Una de las características de tus cuentos es lo fácilmente que saltas de lo lírico -la sustancia de tus cuentos es esencialmente poética- a lo irónico, al toque de humor negro, a la explosión de violencia nunca mostrada, pero macabramente sugerida ("La reina de los ríos", "Alternativa", "El Huérfano"). Se tiene la sensación al leerlos de que esa flexibilidad en el tono viene dada por una escritura concentrada del relato. Como si hubieses escrito cada uno de esos relatos del tirón, al estilo de lo que recomendaba Cheever: no descansar hasta que el relato estuviese escrito. ¿Es así?
Me temo que no he seguido nunca la máxima de Cheever. Ninguno de mis relatos está escrito de un tirón y la mayoría de ellos ni siquiera han sido concebidos de golpe. Mi manera de escribir suele ser lenta y pausada, y sobre todo me gusta revisar a la luz del día lo escrito de noche, y viceversa. Y me gusta dejarlos reposar, pensármelo dos veces antes de abordar cada párrafo o cada giro de la acción, como si tuviese el temor de que la historia, la de verdad, se me fuera a esconder o a escabullirse mientras yo la persigo por la senda equivocada.
5. Un tema persistente en "Frio de vivir" es la reflexión sobre la infancia y adolescencia, y sobre sus apetitos de maldad. Tus jóvenes son tiernos, desamparados, pero al final se revelan siempre algo malvados, como si sólo con el mal pudiesen dar cumplida cuenta de sus deseos.
Es cierto, tiendo a ver a ese tipo de protagonista como a alguien herido, desamparado, extremadamente sensible y que, de algún modo, se siente tratado a golpes. A la hora de la verdad el mal que han sufrido en sus carnes es el único idioma que conocen. Me interesa la relación entre el deseo y la crueldad, el paso del amor al odio tan propio de esas edades, la poca distancia que hay veces entre el sueño más dorado y las ganas de romperlo todo.
6. Leyendo "Frio de vivir" se aprecia un gran peso de la influencia de Cortázar, un autor que, como Borges o Carver, puede ser devastador para quienes los sigan. En tu caso, el resultado dio lugar a unos cuentos con personalidad propia. ¿Hasta qué punto ha de luchar un escritor para escapar de sus maestros?
Puede que no sea necesario luchar para huir de los maestros ni de nadie de una forma consciente, basta con no andarles persiguiendo tú a ellos. La búsqueda de un lenguaje propio, incluso de un mundo personal, es lo que da sentido a este oficio extraño de escribir. Cuando alguien se sienta ante una página en blanco jamás está solo, es increíble la cantidad de presencias que le acompañan, experiencias, recuerdos, estados de ánimo… y de todas ellas, quizá las de mayor peso sean las que provienen de lecturas pasadas. Eso es inevitable. Pero hay que conformarse con el eco que esas voces nos dejan al pasar y no andar auscultándolas a cada rato. Lo que no tiene sentido es querer escribir conscientemente un nuevo relato de un autor ya muerto, o seguir una escuela a pies juntillas porque sería casi equivalente a no tener nada que decir.
7. Escoge uno de tus relatos preferidos, por el motivo que sea, de cualquiera de tus libros: analízalo, cuéntanos cómo lo creaste, cuánto te llevó, háblanos de él tanto como quieras.
Hay cuentos a los que tengo un especial cariño, uno de ellos podría ser El huérfano, el que cierra Frío de vivir y en el que se recogen algunas de las que podríamos llamar mis obsesiones: el reconocimiento de la “felicidad” sólo a toro pasado, cuando ya ésta ha desaparecido; el deseo, los castillos en el aire, los leves giros del destino, las plegarias atendidas de las que escribió Capote. La génesis de esta historia es una situación perfectamente real, un alumno del instituto en el que entonces trabajaba cuya madre estaba a punto de morir. A veces dejaba caer cosas sobre lo feliz que había sido hasta ahora, cuando todos sabíamos que eso era mentira. Sin embargo él era sincero al decirlo, hubiera dado cualquier cosa por que todo volviera a ser como antes. Era triste que la felicidad, en su caso, se concibiese como el retorno a una situación de la que él continuamente se había quejado, es decir, la felicidad, para él, no podía ser otra cosa que el aburrimiento, el vacío de los días, el pueblo del que echaba pestes. Me pareció que esto era más universal de lo que parece y que de alguna manera es lo que nos sucede a todos cada vez que hablamos de los buenos tiempos, de épocas doradas del pasado que en el fondo sabemos que no lo fueron tanto. Empecé escribiendo sobre este chico con cierto pudor, me ayudaba ver su rostro en el aula, conocer alguna de las confidencias que hacía de vez en cuando a otras profesoras que le ofrecían mayor confianza. Inventé una salida para él, un sueño tan poderoso que acabó por revelarse preferible a la completa reversión de la situación.
8. "Museo de la soledad" comienza, como "Frio de vivir", en un tren. "Viaje de regreso" resume los temas de "Frío de vivir": las venganzas finales (que parecen perversas por meditadas), la mirada hacia la adolescencia, el adulto que hace cuentas con su pasado; pero a la vez ese relato, como un tren que atraviesa un túnel entre dos paisajes distintos, es un pórtico a los distintos temas y atmósferas de tu segundo libro.
9. Desde tu experiencia amplia como escritor de libros de relatos, ¿qué haría falta para que el relato tuviera una mayor presencia e importancia en la literatura española?
Supongo que es una cuestión compleja que tiene que ver también con los hábitos del público lector. Por alguna razón a la gente le gusta quedarse a vivir durante un tiempo en una historia y las novelas están escritas para ser habitadas. Es como si a cierto lector le supusiera un gran esfuerzo entrar en un relato, familiarizarse con el ambiente, con los personajes, y no le compensase tener que abandonarlo tan rápidamente y empezar desde cero con una historia diferente.
Pero ya que me lo preguntas voy a decirte algo que creo perjudica muy seriamente al cuento: esos relatos de verano o de Navidad o similares que se le ofrecen al gran público desde los suplementos de los periódicos y que están encargados a escritores, generalmente novelistas, que no tienen la menor preocupación por el cuento ni saben como abordarlo y que aprovechan para vaciar sus cajones de desechos, retales de novelas fallidas y cosas así. Y lo mismo sucede con ciertos libros que pretenden ser antologías temáticas de textos breves. La gente acaba creyendo que un cuento es eso, un escrito insípido que lo único de bueno que tiene es que se acaba pronto. Yo creo que el género del relato es específico y ciertamente difícil y habría que encontrar la manera de que las escasas ocasiones en que al gran público se le ofrece un relato, al menos éste fuese digno.
10. Destácanos algunos libros de relatos de este comienzo de milenio que te parezcan sobresalientes.
En un estilo bastante diferente al mío, me ha encantado 300 días de sol de Ismael Grasa. Y para mí ha sido una sorpresa gratísima la aparición de una autora como Cristina Cerrada, Noctámbulos y Compañía son dos excelentes libros de cuentos. Y Animales tristes de Jordi Puntí. Y La última noche de James Salter, y Cosas que debes saber de A. H. Homes…
11. Tus relatos no suelen ser la crónica de un tiempo determinado, sino la descripción de un estado de conciencia, un ánimo recordado que se regala al regocijado lector. ¿Cómo buscar el equilibrio entre trama y lirismo, entre personajes y lenguaje?
A veces es un equilibrio difícil porque una introspección excesiva en la conciencia de los personajes viene a estorbar la narratividad de la historia. Los acontecimientos deben fluir, pero lo que sucede debe sucederle a “alguien” que de algún modo conozcamos. A mí nunca me ha interesado la acción por la acción, las historias epidérmicas acaecidas a gente anónima si no hay un esfuerzo por acercarse al sujeto a quien eso le ocurre, sus estados de conciencia, su mundo interior y para construir esa interioridad en pocas páginas, a veces en pocas frases, me gusta recurrir a eso que podemos llamar lirismo, la fuerza de una metáfora, en la confianza de que se entrelacen efectividad y belleza.
12. Una de las citas que más me gustan es de "Frío de vivir": "La vida va siendo el regusto que deja la vida". Los personajes de "Museo de la soledad" son seres dañados y tristes, sin que el lector sepa con certeza de dónde procede esa tristeza, sino más bien se conforme con apreciar su aroma literario.
Sí. Es el peso del pasado en el presente. La identidad, o eso que antes llamaban alma, no es en realidad otra cosa que la memoria. Y si cerramos los ojos somos sólo recuerdos y nada más. Cada cosa nueva que nos ocurre cae rápidamente en ese pozo de memoria donde va a mezclarse con todo lo demás, a veces hay reacciones químicas explosivas, otras el alma cambia misteriosamente de color.
13. "Ola de frío" me parece un relato que resume el mundo trágico de tus relatos y que une tus dos libros en un perfecto equilibrio: la mayor entrega a las tramas de "Frio de vivir", con la atmósfera delicadamente fría, de amores nunca revelados, o interrumpidos a destiempo, de "Museo de la soledad".
Es curioso porque además la génesis de este relato es diferente a la de la mayoría. Es una historia que elaboro a partir de una noticia de periódico eque relataba como, tras una ola de frío en Estados Unidos, se encontró el cadáver de un minusválido cuya silla motorizada quedó atascada en la nieve. A partir de ahí me hice preguntas acerca de ese ser real al que le había sucedido eso mientras yo dormía: ¿a dónde iría? ¿por qué? A veces construir una historia no es más que hacerse las preguntas adecuadas e intentar contestarlas con un montón de mentiras que a la postre escondan una profunda verdad. Puede que la literatura sea poco más que eso.
En realidad apenas ha habido modificaciones. Lo único que he hecho es regresar a la versión original de los cuentos desoyendo ciertas indicaciones de los anteriores editores del libro a quienes no les gustaba la presencia de párrafos en cursiva. Yo intento no obsesionarme nunca con los cuentos ya terminados y publicados. Por supuesto que si me pongo a leerlos detenidamente cambiaría cosas, creo que eso es inevitable, pero siempre se me ha antojado algo enfermiza la pulsión por revisitar una y otra vez los mismos textos. Prefiero entender que ya han cobrado vida, tienen su propio vuelo y mi quehacer está, en todo caso, en nuevos libros, en seguir intentando urdir la historia que ya nunca quiera cambiar.
15. Háblanos de algún relato que en un momento de tu vida te perturbara o impresionara por algún motivo especial, con el que vivieras una de esas epifanías que tanto nos gustan a los escritores.
Cartas de mamá de Julio Cortázar me dejó sobrecogido y me puso en el camino del escritor que ahora soy. Tuve la sensación de que todo cuanto había leído era para llegar allí. Esto era, esto es, esto es el cuento. Es difícil de explicar pero a partir de allí mi mirada sobre el mundo y sobre la literatura fue otra.
16. Eres profesor de instituto. ¿Podría el relato jugar un papel importante para ayudar a que los jóvenes se acercaran a la literatura?
Yo creo que sí porque una de las cosas a las que más teme aquel que nunca ha leído es la extensión de los libros. Les hablamos de la literatura como fuente de placer, pero tienden a ser incrédulos al respecto. Es mucho más factible que se animen a dar una oportunidad a la literatura a través de los cuentos, que comprueben por sí mismos la capacidad de unas pocas páginas para emocionarles, para revolverles las entrañas a cambio de una ridícula inversión de tiempo.
17. Y para acabar, ¿puedes indicarnos algún escritor actual (de novela o relatos, español o extranjero) que a tu juicio esté infravalorado y otro que, también a tu libre juicio, esté sobrevalorado?
Creo que sobrevalorados hay muchos. El propio sistema de dependencia de los medios, de la crítica, las cuadras editoriales, los grupos de influencia, hacen que miremos como genios a tipos que ni tienen nada que decir ni en realidad saben cómo hacerlo. En general falta talento y lo que sobran son pandillas, grupitos de amigos y gente que si tuviera un poco de vergüenza dejaría de salir hasta en la sopa.


37 comentarios:
Como siempre en el Síndrome, me descubro ante entrevistador y entrevistado, y de rebote me siento (una vez más) uno de tantos esos tipos "que ni tienen nada que decir ni en realidad saben cómo hacerlo". Qué precioso, qué exacto eso de que cuando uno se sienta a escribir, jamás está solo ante esa página (o esa pantalla) en blanco. Y qué preciso intuir la literatura como el proceso simple y llano de urdir historias contadas de otra manera. Gracias a los dos y un abrazo.
Ignacio Jáuregui
jueves 10 de enero de 2008
CARLOS CASTÁN
"Todo tan secreto"
En todos los entierros hay un desconocido, alguien de aire grave en quien nadie se fija demasiado, que no es de la familia y permanece todo el tiempo con las manos atrás. Siempre me había preguntado por estos seres, de dónde salían, cuál sería su vida. En los viejos álbumes de fotos de la casa de Ágata los encontré a todos retratados, uno por uno, adheridos a aquellas páginas negras. Muchas veces iba a verla. Yo era joven, ella no. Y además estaba enferma, pero su pelo olía siempre a pétalos morados y la casa entera tenía el perfume de los libros salvados de un incendio. Todo ese verano fue mi oasis de sombra. Nos acostábamos en una alcoba oscura y luego ella preparaba café. Me gustaba ir allí, era todo tan secreto... Por las ventanas, a través de una maraña de ramas muertas, podía divisarse toda una posguerra detenida. Apenas hablaba, Ágata. Me enseñaba tesoros que escondía en los cajones de sus mil armarios: óleos diminutos, soldados de oro, azucareros chinos, pero sobre todo aquellas fotografías de desconocidos.
Era todo tan secreto que cuando murió nadie pudo decirme nada, y una tarde en que fui a verla a principios del otoño me encontré en el patio de la casa con una mesita de faldas negras llena de condolencias y tarjetas de visita con una esquina doblada. Me esforcé en sentir dolor, pero la sorpresa y el deseo reventado como un globo pesaban de momento mucho más.
Tras dudar un poco, decidí subir al velatorio. Quise ser el desconocido de turno en ese entierro, quizá porque estuve seguro de repente que, de ese modo, por un extraño mecanismo que nunca perseguí entender, mi imagen pasaría a formar parte de aquellos álbumes oscuros en la estantería de la sala, como una mariposa muerta. Y mi alma entonces, o algo parecido, se quedaría a descansar para siempre cerca de la alcoba, en aquella penumbra fresca con olor a agua de rosas.
A veces notaba cómo alguno de los familiares de Ágata me miraba de reojo, pero nadie se decidió a hacerme preguntas, de manera que toda la tarde pude permanecer allí, como un centinela que guarda los restos de un general acribillado, con aire grave, los ojos llorosos, las manos atrás.
* Carlos Castán es uno de los escritores de cuentos más sugestivos que han aparecido en España en estos últimos años. Ya su primer libro, Frío de vivir (Zócalo, Zaragoza, 1998; reeditado en Emecé), causó muy grata impresión. Después sólo ha publicado Museo de la soledad (Espasa Calpe, 2000; reeditado por Tropo Editores). Este microrrelato inédito forma parte del libro Sólo de lo perdido, que aparecerá en marzo en la editorial Destino.
Publicado por Fernando Valls
http://nalocos.blogspot.com/
¡Por fin! La entrevista me la llevo a casita para leerla sin prisas y regreso en otro momento. En mi lista de pendientes sigue Frío de vivir, y llegó ahí gracias a tu archifamosa encuesta, ya sabes. De Museo de la soledad sólo diré ahora mismo (tirando de vena editora) que, estando las cosas como están, que le hagan a uno dos bellas cubiertas para el mismo libro en dos editoriales distintas (aunque prefiero la de Tropo), es toda una suerte.
Qué grande eres, M.A.Berracus.
Una entrevista densa y profunda. He subrayado bastantes párrafos. Castán habla sin pelos en la lengua y dice cosas muy interesantes sobre las que vale la pena reflexionar.
Enhorabuena a ambos.
no conocía a Carlos Castán. La entrevista es muy buena, la he querido leer de un tirón pero no he podido evitar pararme en algunos párrafos...
La identidad, o eso que antes llamaban alma, no es en realidad otra cosa que la memoria...
en cuanto pueda, me lo traigo a casa:-)
Entro y veo que hay modificaciones en tu blog, ahora muy refrescante, muy alegre a la vista. Y me alegro sinceramente que esté aquí la entrevista de este hombre (al que tengo pendiente leer desde hace ya un par de años que di con su nombre) y esa portada increíble de los compañeros de Tropo, unos entusiastas a los que no hay que perderse. Un beso fuerte.
Miguel Ángel \ Carlos:
Gracias por esta entrevista estupenda (como todas las que haces) y por el rato que hemos pasado los tres juntos. Me parece reseñable la desmitificación que hace Castán del realismo como una prosa insustancial y mal entendida ("...en la realidad los objetos poseen cualidades...") y la referencia "innegable" al sedimento que van dejando los maestros. Solo los hombres-ombligo pueden pensar lo contrario.
Yo a Carlos Castán le conocí en "Frío de vivir", un libro que me pareció excepcional, que releo de cuando en cuando. Fui incapaz de encontrar "El museo de la soledad" cuando lo publicó Espasa (lo que son las cosas…). Así que ahora, por fin, podré hacerme con él y tener sus (por ahora)"obras completas".
Me ha parecido muy interesante la entrevista, mucho por aprender.
Gracias por la presentación, he apuntado las sugerencias.
Saludos.
Graciela
hola a todos. Muy interesante la entrevista y congenio en parte con la idea de realidad del entrevistado. En verdad la realidad es tan grande y rica como los niveles de percepción de la misma. Ser un escritor realista para alguien con una percepción elaborada puede llevarlo a una narrativa que tal vez parezca subjetivista o aun fantástica a los ojos de otros. Saludos.
Una entrevista brillante.
Carlos Castán se muestra como el magnífico escritor que es. Esperamos impacientes su próximo libro de relatos.
Otra más.
De acuerdo con Carlos Castán: flaco favor hacen a los cuentistas las publicaciones de retales "averquetengoporaquí" que los novelistas con nombre colocan (previa solicitud, por supuesto)en revistas de fin de semana. También de acuerdo con las sugerencias de Grasa y Cerrada. Y, por último, plenamente concordante la sensación de que llegar a Cortazar es como si todo lo leído con anterioridad fuese una especie de entrenamiento.
Una vez más, enorme trabajo de Miguel Ángel por y para el cuento. De agradecer.
La envidia que me hacéis sentir quienes leeréis a Carlos Castán por primera vez sólo la mitiga el placer que no ha dejado de acompañarme desde que leí sus libros.
De Carlos Castán sólo había leído los relatos publicados en Pequeñas Resistencias y, como me impresionaron, al viajar ahora a España me hice con “Frío de vivir”, que remonta ahora posiciones en la pila de libros traídos de la patria y al que me dedicaré en cuanto termine con “Ceremonias de interior” (al que llegué por la entrevista que le realizaste a Ignacio Ferrando).
Jugosa entrevista, Miguel Ángel. Ya ves que no sólo eres un gran escritor. ADVERTENCIA para quienes aún no han leído “El síndrome Chéjov”: se trata de un muy buen libro de relatos, con un prólogo enjundioso, y un relato, “Anton Chéjov, médico”, absolutamente necesario.
Abrazos.
Una grata sorpresa la de esta nueva entrevista. Recuerdo haber leído en grupo algunos relatos de Frío de vivir, y a pesar del tiempo todavía puedo registrar algunas escenas y la sensibilidad del lenguaje con el que estaban contadas aquellas historias. Castán ha hablado con gran agudeza sobre el problema del realismo en la narración. Efectivamente, no tendría sentido escribir para quedarnos en la superficie de las cosas sin buscar las múltiples capas que se esconden tras ella. Eso es la literatura, la capacidad de despertar historias a raíz de una mirada, de mostrar los límites de la felicidad y del dolor, como el de ese alumno que cuenta a su profesor una verdad sospechosa. Gracias por estos valiosos encuentros.
Enhorabuena a los dos por la entrevista. Ha sido un placer leerla. Una pena que los buenos cuentistas no obtengan en este país el reconocimiento que tienen los escritores de novelas (muchas veces bastante peores). Carlos Castán es un escritor con mucho talento y sus relatos son increíbles.
Qué entrevista más interesante. Voy a hacer como dice Sergi: imprimirla, leerla, y subrayarla. Y luego me iré a comprar algún libro de Carlos Castán, que no he leído nada suyo y me han entrado unas ganas tremendas de hacerlo.
Me ha gustado mucho cuando dice que no es necesario huir de los maestros, sino dejar de perseguirles. Qué verdad más grande.
Yo guardo como uno de mis tesoros favoritos un almuerzo con Castán y otros muchos colegas de cuento, cuando los amigos Casamayor y Neuman presentaron Pequeñas resistencias. Hablé con mi mujer tras el almuerzo y antes de la presentación al público, y le dije que uno de los momentos del viaje había sido conocer a Castán -Frío de vivir, con el me quedo más que Museo..., me parece absolutamente maravilloso, esos dos libros justifican que uno se vaya a casa y deje de escribir, ya con los deberes hechos- y comer con él -Juan nos llevó a un sitio de arroces, recuerdo-. Yo me sentía allí, con tantos autores a los que admiro, como un monaguillo en un concilio. Lo terrible es el desconocimiento de la gente sobre tales joyas, porque cuando se lo dije a mi mujer -es más de novela ella- me di cuenta de que no sabía de quien le hablaba, y la obligué a que fuese al estante donde estaban los dos libros, a ver si así picaba. Y es que esto de los cuentistas secretos es como lo del chiste del náufrago y Claudia Schifer-o como sea el apellido-, que si no lo puedes contar casi que de qué te sirve liarte con ella. Que tipos tan recomendables como Castán o Poli Navarro, por citar sólo dos autores con dos entrevistas tan absolutamente cojonudas que debieran darte el Pulitzer de la Puerta de Purchena por ellas, dear Miguel Angel, reciban menos atención que Ken Follet es para que nos metan a todos en un manicomio.
Así nos va, y por eso me he pasado al maratón. Saludos y enhorabuena, Miguel Angel, por el blog, y por estos detalles capaces de salvarte una semana.
Felipe R. Navarro
Te felicito por la excelente y muy oportuna entrevista.
Felipe, tú no te quedas corto con ese estupendo cuento que es "El hombre que continuaba los sueños".
Ignacio: Gracias por lo que me toca. Realmente me alegra que el halo lírico de su obra haya contaminado, benditamente contaminado, esta entrevista.
Sergi: Alea jacta est. Léete Frío de vivir, y jáctate luego, amigo. No pierdas tiempo. Ponlo varios puestos más arriba en la lista de pendientes. No te arrepentirás.
Miguel: Un saludo, Miguel. Me alegra que hayas encontrado interesnate la entrevista. Gracias por tu fidelidad lectora.
Thirthe: ¡Qué alegría saber de ti! No te lo pienses. Es un placer leer a Castán, y me repito. Además, sus libros son perfectos para el invierno, tienen un toque "Frio de vivir" adecuado para estos días.
Lara: Me alegra leerte por aquí. Bueno, hay que cambiar el aspecto al blog de vez en cuando. Uno se cansa de sí mismo cada cierto tiempo. Espero que Tropo continúen con la buena labor iniciada con este libro de Castán. Sólo puede deseárseles mucha suerte. Un beso.
Ignacio: Es curioso cómo un libro como "Frío de vivir" -publicado eso sí en dos editoriales- ha tenido más difusión que "Museo de la soledad" que en cambio estaba lanzado por una editorial grande. Dice mucho del interés de las grandes por apoyar sus libros de relatos, y no sé si dice algo del largo alejamiento de Castán del cuento. Un abrazo fuerte.
Clarice:
Un saludo muy cariñoso, Clarice. Me alegra verte por aquí.
Victor Coral: Y sin embargo nos empeñamos en entender el realismo desde una concepción puramente decimonónica que rápidamente clasifica a los escritores entre realistas y todos los demás. Un saludo.
Laura: Un saludo, Laura y gracias por tu intervención.
Esteban: Ciertamente, la afición hacia los retales de muchos escritores -sobre todo novelistas metidos a faenas de cuentista- no tiene nombre, y ya la hemos comentado muchas veces por aquí.
A TODO EL QUE LEA "MUSEO DE LA SOLEDAD"
En esta página
http://www.solodelibros.es/
podéis encontrar lo que se conoce como "crítica destructiva" de un libro. Me gustaría pensar que "Museo de la soledad", de Carlos Castán, es algo más de lo que allí aparece. Por favor, lee el libro y deja tu opinión.
Arturo:Efectivamente. Con muchos autores he pensado eso. ¡Qué pena no poder volver a experimentar la sensación de leerle por primera vez!
Saludos.
Jose Antonio: Bueno, bueno. Con buenos ojos me miras...(mejor, me lees).
Honora: Eso es la modernidad, sí, saber desvelar, develar, abrir puertas, mirar detrás y comprobar quién nos persigue, y no tanto qué tenemos delante.
Abrazos.
Marta: Suscribo tus palabras. Lamento que muchos buenos cuentistas se replieguen, o se vean replegados, a publicar sus cuentos por culpa de esa desatención. Una alegría verte por aquí.
Felipe R. Navarro: Casi un cuento lo que comentas. Castán es un escritor que despierta pasiones entre sus lectores, está claro. Como tú, soy más de Frio de vivir que de Museo.
Por cierto, espero que lo de la maratón no sea una metáfora "novelística". En todo caso, echamos de menos tus cuentos.
Fernando Valls: Gracias por la felicitación y por darnos la primicia, en tu blog, de esa próxima publicación de Castán.
M: Completamente de acuerdo contigo, Matías.
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