
Importancia de la salud
Los servicios de emergencia llegaron finalmente. Pero todo fue en vano, demasiado tarde: el cadáver presentaba signos de una notable mejoría.
El microrrelato va creando su propia tradición, los autores ya eligen sus elementos constitutivos, y disponen de un universo particular de referentes, estilos y estructuras. Un género que en España ha cuajado de un modo perfecto en los últimos años, beneficiado por el auge de los talleres literarios, pero también por la recepción de la fructífera tradición latinoamericana. Pensemos sin embargo en el resto de Europa, o en Estados Unidos. En Europa se ha cultivado cierto microrrelato aforístico vinculado a las vanguardias, pero desconocemos si en Francia, Italia, o Rusia, alguien escribe actualmente microrrelatos. No hay traducciones. Los libros del portugués Tavares, con sus lúcidas y muy breves paradojas, especialmente en el ciclo “Barrio”, serían un ejemplo que nos está llegando últimamente. En Estados Unidos la tradición cuentística no ha ido, y no creo que vaya, por el lado del microrrelato. El microrrelato requiere de una densidad poética que casa mal con el estilo anglosajón, eminentemente narrativo. El microrrelato tiene su vivero más bien en la tierra de las leyendas orientales, de la poética aforística. Los anglosajones prefieren hacer poesía o escribir narrativa. Pragmáticos, el microrrelato debe de ser para ellos un compromiso intermedio, y poco estimulante.
En España aparecen cada vez más libros de microrrelatos, y los nuevos intentos nos ponen sobre la pista de interesante nombres que desconocíamos. Miguel ángel Zapata, recién leído y gozado su libro "Baúl de prodigios", es uno de ellos. Granadino del 74, ha publicado una colección de 130 microrrelatos en la editorial, también granadina, Traspiés. Debo confesar que siempre he desconfiado del microrrelato, y que ahora lo practico con cierta asiduidad -una más de las contradicciones que colecciono en mi propio baúl-. Quizás me alejaba del género porque el microrrelato que había leído caía en el lado del ingenio, la ocurrencia chisporroteante que se diluía con la rapidez de una burbuja. Merino comentaba aquí mismo: "Yo defiendo que la narratividad, es decir, el movimiento y la tensión dramática, tienen que estar presentes, aunque el género sea muy flexible, y permita una libertad extraordinaria". Soy de la misma opinión, y si el microrrelato, por su propia concepción, admite a la perfección lo fantástico y lo imaginativo, no por eso ha de olvidar lo que en él tiene que haber de relato. El daño micropaleontológico del dinosaurio ha sido demasiado grande. Frente a los malos autores del género –o quizás “pequeños autores”-, surgen voces que modulan ese género tan mínimo que parece tener muy poco hueco para el riesgo. Porque el microrrelato está tan condicionado por su brevedad, y la técnica que conduce a ella, que acaba resultando con frecuencia un género más conservador de lo que su apariencia de chica guapa de la fiesta deja ver.
Miguel ángel Zapata ha buscado su propio camino, y se adentra en caminos no tan trillados. Los resultados de sus historias son siempre correctos, distintos, nunca tópicos o convencionales, y en los mejores ejemplos, en sus mejores microcuentos, realmente brillantes e ingeniosos, pero no sólo eso, sino además muy bellos. Sus historias me parecen cercanas a la greguería de Gómez de la Serna, y con una vena surrealista siempre suave, nada estridente, y muy poética. Zapata ha sabido utilizar una influencia lírica tan cercana como peligrosa para el microrrelato, salvando sus peligros en la mayoría de los casos.
De hecho, la estructura del libro, dividido en cinco bloques “temáticos” alrededor de la idea fantástica del baúl y sus posibles habitantes –metáfora de las posibilidades de la imaginación desbocada- es muy clásica de los libros de poesía. En ese sentido, la primera parte, “Manual de seres impares”, un catálogo de relatos sobre animales y tipos asimétricos, raros, está muy lograda. Zapata procura siempre una adecuada distancia entre la pura imagen poética y la anécdota narrativa, y en ese equilibrio de la imaginación obtiene imágenes y resoluciones brillantes para muchas de sus historias. Autoafirmación, El enfermo siempre tiene razón, Siento un pinchazo –un ejemplo de brillante resolución para un cuento de planteamiento imposible-, Veracidad de la trasmigración de las almas, o el fabuloso y sencillo Dos –Zapata debería investigar cómo muchos de sus mejores relatos son los más claros, en los que está perfectamente fundida la anécdota con el aliento poético no demasiado devorador del cuento-, Personas que cosas que personas. Son ejemplos de muy buenos relatos del comienzo del libro. Pero lo sorprendente es que el nivel no decae a lo largo de la obra. Sólo la división temática y poética a la que me refería conlleva a veces, al avanzar la lectura, cierta repetición de modelos a lo largo de varios relatos en forma de variaciones. Es un peaje lógico para todo libro de microrrelatos, que no admite ser excelso todo el tiempo, y más aún con la estructura elegida por Zapata.
Y es en el tratamiento de esa concepción lírica, pero sopesada, meditada, racionalizada, estructurada al servicio de la obtención de un buen microrrelato, donde está el hallazgo del autor. Pensamos que el autor se ha lanzado por un tobogán de lirismo disfrazado de narrativa y sin embargo casi siempre remonta el vuelo, encuentra un envés para solucionar el relato, juega con situaciones chocantes y fantásticas de un modo que no es el habitual. Zapata ha cocinado en la misma cazuela surrealismo y género fantástico, y ha logrado una colección de relatos tiernos e imaginativos que no necesitan servir a los cánones de la literatura fantástica para pertenecer a ella. Es un autor estimulante, que ilusiona a los aficionados al género. No necesita mostrarse brillante para serlo, y no tiene miedo a susurrar en nuestro oído inocentes historias, con un tono a lo Paul Klee o Chagall, que esconden en el corazón mismo de lo narrado paradojas sobre la condición amenazadora de los animales, o la condición animal de los hombres, o sobre la eterna maldad que esconde la noche desvelada para el niño que no puede dormir, o para el adulto que recuerda a ese niño, muchos microrrelatos después.
No bajes la guardia
Las niñas duermen en sus camitas. A cada movimiento o desperezo de una de ellas, el padre se levanta raudo y prepara una nueva dosis de somnífero, acercando tembloroso la cuchara a la boca de la pequeña inquieta. Después vuelve a su silla y mira, la cara pálida, con el efímero alivio que sucede al terror, a los ojos horrorizados de la madre tras la puerta, susurrando casi sin voz: tranquila, tranquila, ya pasó, no ocurre nada.

5 comentarios:
Tomo nota. Una reseña fantástica.
Has realizado un análisis muy completo y sugerente.
Un abrazo.
Muy buena rese�a, la voy a linkear en estos d�as. A prop�sito, yo he escrito alguans minificciones, y a mediados de mes se editar� en Buenos Aires una antolog�a de microrelatos que incluye a 100 autores de distintos pa�ses, entre los que se cuenta nada menos que ha Abelardo Castillo.
http://cuentosgvh.blogspot.com/2007/11/esta-es-la-ilustracin-de-carlos-nine.html
Este link lleva al blog del editor y a la entrada con la lista de los autores que participan.
No corregí el comentario anterior, ahora que me fijo, se me escapó una hache antes de la a. Espero que el coemntario se entienda.
no me parece bueno este Zapata. en su país hay gente muy talentosa con el cuento breve: Gálvez Ronceros, Beleván, Sumalavia. léanlos a ellos.
Por alusiones:
Mi muy estimado se�or Anonymous, me veo en la obligaci�n de desfacer el entuerto en que usted mismo se ha metido. No soy el Miguel �ngel Zapata que usted cree, de hecho no creo ser ni el que soy. Aqu�l al que usted censura es peruano (muy buen poeta, por cierto) y yo desciendo por igual de don Pelayo y de Boabdil.
Siento pues, defraudarle. Saludos a la familia Anonymous, los Anonymous (como todo el mundo sabe) de toda la vida. Ciao.
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