26 enero 2007

Nocilla Dream - Agustín Fernández Mallo: ¿Gene(r)(n)ación Blog?


Cuando a mediados de los ochenta surgió la nueva narrativa española los críticos estaban preparados para recibir a una nueva generación de escritores que aireara las estancadas sentinas de la novela española, y los apoyaron mimosos con los brazos abiertos.
Cuando a mediados de los noventa ciertos representantes literarios de la tan cacareada Generación X lograron un gran éxito de público simbolizado en Historias del Kronen, de José Angel Mañas, los críticos se vieron sorprendidos por un fenómeno inesperado que, en líneas generales, denostaron desde el foro serio de los periódicos (suplementos culturales) y al tiempo apoyaron con fervor desde el ágora fiestera de esos mismos diarios (suplementos de tendencias, nueva moda que se impuso entonces).
Ahora, a mediados de una nueva década, con cientos de amantes de la literatura expresando opiniones libres y desinteresadas desde la Red a través de blogs, foros y páginas webs, y en medio de una crisis apreciable del suplemento literario y de la institución crítica que lo sustenta, los críticos necesitan encontrar nuevos escritores que apoyar como repuesto para una generación literaria, la de los ochenta, que da síntomas evidentes de cansancio -comercial, por supuesto, no hablamos de literatura, que al respecto eso no es trascendente en el círculo de la Red empresarial y cultural al que esos suplementos, lógicamente, también pertenecen-.
Creo que en ese contexto ha de verse el inesperado consenso mediático que ha despertado la novela de Agustín Fernández Mallo, Nocilla dream, en la editorial Candaya, así como la fortuna crítica de libros como Ninguna necesidad, de Julián Rodriguez, del que ya se habló aquí. Desde esa perspectiva quiero hacer el comentario, y quizás no es la perspectiva más literaria, pero pienso que estos fenómenos -y la aparición de Nocilla dream, por las circunstancias comentadas, lo es- han de contemplarse, a riesgo de equivocarse en el análisis, desde una visión de largo alcance, porque a estas alturas no cabe la inocencia y pienso que asistimos al comienzo, desde el punto de vista de la crítica establecida, digamos, de un nuevo ciclo que muestra sus primeras banderas al aire. Me parece interesante comentar esta nueva tendencia.
Permitidme que tire de hemeroteca, a riesgo de extenderme:
Babelia del 27 de Noviembre de 1993: En una crítica a su segunda novela, Héroes, de Ray Loriga, quien había recibido buenas críticas con su primera obra, Lo peor de todo, descubierta para Debate por Constantino Bértolo -ahora al frente de Caballo de Troya- Ignacio Echevarría decía que: apunta a su virtud eminentemente lírica, en detrimento de su consistencia narrativa, que es prácticamente nula, por mucho que, de vez en cuando, mezclada a las canciones, una viñeta relumbre con el impacto característico de la mejor ficción súbita norteamericana. (...) Extrañamente, la certidumbre de habérselas con un escritor dotadísimo -y Loriga lo es, con aplastante evidencia- no elimina aquí la sospecha de que, en buena parte, sus cualidades están cerca de convertirse en defectos: el laconismo, en solemnidad; el lirismo, en bisutería de latón; la frescura, en corporativismo juvenil; y la inocencia, el victimismo, esa impasible desesperación, en consigna generacional, estribillo barato, un lema para camisetas.
Babelia del 28 de Mayo de 1994: En un artículo titulado Narradores del siglo XXI, y firmado por Miguel Mora, se presentaba a cinco autores que presentaban entonces sus óperas primas. Eran Luis Magrinyá, Juan Bonilla, Joaquín Albaicín, Belén Gopegui y José Ángel Mañas. En el apartado dedicado a Mañas se decía: El caso es que Historias... ha vendido ya 20.000 ejemplares, y ello a pesar de críticas como ésta de Echevarría: "La literatura de José Ángel Mañas es una literatura inútil, barnizada con tacos y con una jerga que seguramente él mismo no sabrá qué significa dentro de tres meses. Carece de interés, es de un realismo pesado, antiguo". Mañas recibe el sopapo con elegancia: "Cada crítico es muy libre de pensar lo que quiera". Y corta tajante: "Discúlpame, pero estoy quemado con los periodistas".
Historias del Kronen tuvo un éxito sensacional, y eso fue lo peor que pudo ocurrirle a José Ángel Mañas. Aupado de la noche a la mañana, tras ser finalista del Nadal, por El País de las tentaciones, que lo convertía en un modelo IN, y denostado por el Babelia, que lo declaraba escritor OUT, la generación X de jóvenes tenía ya su escritor de cabecera. Esa loca dicotomía literatura-tendencia, aupó también a otros escritores como el mencionado Loriga, José Machado (que publicaba con 22 años A dos ruedas en la exclusiva Alfaguara), Pedro Maestre (ganador del Nadal), e incluso el algo mayor Benjamín Prado, con su excelente Raro. El final de la historia es bien conocido: Mañas publicó Mensaka -probablemente la peor segunda novela que he leído en mi vida, a mí que me ilusionó el Kronen, por no decir la peor novela a secas-, Maestre fue absolutamente fagocitado y Prado se escapó de una generación a la que nunca perteneció. Loriga salió con vida y está construyendo una obra coherente, viva y llena de inteligencia y versatilidad.
Por supuesto que los responsables últimos de lo que ocurrió fueron los escritores, con sus obras: ¿o no? El modo en que se les publicitó por los medios, el fugaz entendimiento con un público que deseaba leer cosas nuevas, la adoración con que el dinero penetró en los modos de editoriales que jugaban a robarse autores y buscar el éxito inmediato de obras todavía no maduras acabó con escritores que nunca sabremos qué podrían haber dado de sí realmente, porque su evolución se confundió con la de los medios que los auparon. La Generación X nunca fue descifrada.
Ahora, en mi sincera opinión, se avecinan tiempos parecidos. Los críticos advierten el descenso de su influencia en cierta clase lectora que antes les leía con atención. No hablo del gran público que no lee crítica y que compra sus libros influidos por otros motivos, sino de esos lectores interesados plenamente en la literatura y que YA NO SÓLO lee suplementos para estar al día de las obras que el mercado nos ofrece, o que YA NO SÓLO se deja influir por ellos. La aparición de otros medios de opinión, el disloque que Internet ha introducido en la comunicación escrita, unido a como digo el "declive" del grueso de una generación literaria que lógicamente, pese a que seguirá dando muy buenas obras, y pocas obras maestras, va buscando su orteguiano recambio generacional de cada década, son elementos que se intuyen a poco que uno descifre ciertos signos.
En ese contexto, la aparición de una novela como Nocilla dream es muy apetecible, porque conecta con el otro mundo, con ese lado oculto y callado que se mueve en sordina, pero si muove, que diría Galileo, y del que no conocemos aún su futura evolución. Habla de la fragmentariedad, de este mundo caótico, de Internet, de un mundo globalizado y cansado, desértico, vacío, pero al tiempo lleno de conexiones diminutas. Con gran inteligencia, y un trenzado de pequeños relatos, su autor ha dispuesto una mezcla sugerente, sin centro, difusa, de fragmentos -el equivalente a capítulos- que intentan construir un referente poético, escasamente narrativo, en el que personajes que no tienen la entidad tradicional, narrativa, del personaje, reflexionan sobre un mundo ininteligible, que demanda preguntas constantes. La presencia salpicada de formulaciones y sugerencias científicas vincula al libro con las últimas tendencias novelísticas -el mismo Delillo, o el holandés Harry Mulisch ("El descubrimiento del cielo"), en lo que siempre ha sido una gran carencia de la literatura española (y de la sociedad española en general)- y despierta una inevitable fascinación en la crítica al uso -poco formada, como los novelistas españoles, en materia científica, ("sinapsis" ya debe ser un palabro excesivamente tecnológico y científico, para que hablar de fractales o teoría de juegos, etc.)-, lo que ha llevado a que la novela reciba alabanzas numerosas que bordean el exceso, lanzándola como el libro de las generaciones de hoy -que no sé si son las de veinte años o las que como yo vieron el auge y caída de Mañas-, el libro de la literatura que necesitamos y, esto lo callarán, en realidad necesitan ellos, los críticos. Se intenta reflejar que el libro habla de un mundo nuevo, de la cultura del blog, etc, cuando Rayuela, un gran blog multirreferencial, se escribió cuando los blogs no existían, o La vida, instrucciones de uso, de Perec no era sino un complejo edificio de relatos trabados y trazados, o la escritura de Raymond Queneau o el gran Alberto Savinio, o todo lo que partió de las vanguardias francesas o el mismo Delillo primero, ese que publicó Ruido de fondo hace casi veinte años aunque ahora se hable de ella en España. Incluso las primeras novelas de Loriga tienen mucho de esto que ahora se exalta, y corremos el riesgo de considerar Rayuela una novela superada, vacua, pamplinosa -tristezas modernas- y elevar hasta el cielo y más allá a libros que parten, también, de su estirpe narrativa. Nada es nuevo y todo está dicho, y es cierto que la literatura está precisando de nuevas miradas y procedimientos para reflejar el nuevo mundo que nos ocupa, pero hablar ahora de postmodernismo es olvidar que el postmodernismo ya no existe. Cuando Lyotard, allá por el 79, comenzaba su libro La condición postmoderna con la frase: En origen, la ciencia está en conflicto con los relatos, estaba sintetizando una manera de mirar la cultura a la que Nocilla dream puede adscribirse perfectamente, pero sería un error circunscribirla únicamente a eso. Otro de los héroes teóricos de la postmodernidad, Gilles Lipovetsky, declaraba el 8 de agosto de 1992 que: Se cuentan bellas historias, se cuentan sensaciones personales, pero nada parecido a lo que hicieron en su momento Cervantes, Dante, Shakespeare, Racine o Víctor Hugo, o incluso Thomas Mann. Actualmente, la literatura no nos dice nada fundamental.
El mismo Lipovestky, en su ensayo recién publicado Los tiempos hipermodernos (Anagrama) da por finiquitada la postmodernidad y menciona que Podemos apostar a que no volverán los tiempos del culto vanguardista a la página en blanco.
Afiliar Nocilla dream a la postmodernidad es hacerlo a un tiempo que ya no existe, que es pasado, y por lo tanto denota el vacío ante el que nos encontramos, un tiempo que, nos guste o no, necesitará, también en la literatura, afrontar los grandes problemas y miedos contemporáneos, que, de nuevo nos guste o no, más allá de juegos formales, afectan y afectarán a seres humanos, a personas que estarán relacionadas con problemas computacionales meramente tecnológicos, pero también, como siempre en la realidad y siempre en la gran literatura, a problemas computacionales meramente sentimentales, a conflictos terroríficos, a un mundo que se debate con sus mismas entrañas entre reventar ante nuestras narices o dejar que nosotros lo hagamos explotar un poco antes.
La experiencia Nocilla dream, probablemente, si el éxito crítico se alía con el comercial, abrirá la puerta a nuevos libros de esta tendencia, y la cerrará a otros. De eso no me cabe la menor duda, y en todo caso lo mejor sería que los nuevos autores que luchen por edificar una obra literaria plena y consciente eligieran su propio camino, sin componendas, sin mirar hacia la sugerencia, el guiño que sutilmente se ha hecho desde los propios medios, porque nada podría perjudicar más a este nuevo tiempo necesitado de nuevas miradas -tiempo del que el inteligente libro de Fernández Mallo ya es miembro destacado- que la asimilación precipitada, interesada y equivocada a manos de una crítica establecida que busca, quizás, sólo quizás, defender sus propios intereses cuando sin embargo, y hago un nuevo recordatorio, por motivos que no puedo entender se ha negado a comentar siquiera en los grandes diarios un libro que ha sido muy importante en este mundo paralelo, ¿alternativo?, de los blogs, y que contiene varios relatos magnificos, y una obra maestra absoluta, La vida ausente. El libro de Ángel Zapata sigue viviendo un silencio en los diarios nacionales que debería abochornar a la CRITICA, por simple incumplimiento de sus funciones básicas, y que nos llena de gozo, de sincera alegría, a todos los que desde páginas hechas de píxeles y no de tinta, hemos hablado de él con pasión.

17 comentarios:

Alvy Singer dijo...

Nocilla Dream es un libro muy bueno y La vida ausente tambien. Me ha encantado su macro reflexiòn sobre el asunto posmodern que tanto me gusta. Estamos en el postpostmodernismo como diria nuestro amado David Foster Wallace (je, je, je)

Anónimo dijo...

Ante todo enhorabuena por tu blog, que sigo desde hace unos meses, ya que he descubierto que coincidimos en más de una ocasión en la busqueda de lecturas.
Es cierto que los suplementos literarios publicados por los periódicos de este país se han convertido en un simple escaparate de novedades, dispuesto según criterios cuestionables. Allá ellos. Urge, pues, encontrar nuevas formas de nutrir las lecturas personales. El boca a boca, el blog,, el instinto que todo lector debe desarrollar...
Tengo a Nocilla Dream sobre la mesa,pendiente, hasta acabar con los cuentos de Annie Proulx, muy recomendables a todo amante del relato.

Gabriel Báñez dijo...

Miguel Angel, el canon dictado por cierto desde los observadores culturales de los suplementos, en buena medida, está cediendo paso al orgánico, fragmentario y ciertamente arrollador tratamiento del blog. ¿Literatura vs. escritura? Quizá; en ésta última deben buscarse las formas genuinas de una vuelta a los orígenes: las formas anónimas del relato oral que renovaron e impulsaron las fuentes. Lipovetsky no lo dice. Es probable que ello suceda. Excelente post.

Francisco Ortiz dijo...

Impecable.

Enrique Ortiz dijo...

Qué magnífica reseña, Miguel Angel. Tengo muchas ganas de leer este libro desde que lo comentó Alvy Singer (tan envidiablemente joven). He seguido lo que han comentado de él en El Cultural a raíz de elegirlo de lo mejor del año pasado. Creo que cuando sucedía lo que cuentas de Mañas y cía, los blogs no tenían el desarrollo de hoy. A través de éstos se está generando una vía paralela a la crítica canónica de los suplementos. Es tarea de todos fomentar esto. Por mi parte, los últimos libros que he comprado vienen de recomendaciones tuyas, de Francisco, de Alvy y de otros blogs. Por ahora, no me ha fallado ninguno. Un abrazo fuerte, Miguel Angel.

srcurri dijo...

Un comentario genial. Deberias tener una pagina en un suplemento.

En cuento vuelva me hare de Nocilla dream. Por cierto, en el extranjero no existe la nocilla, esta la nutella, pero no es igual...

En mi blog he colgado la presentacion que hice de tu banderin en el zaguan, espero que no te importe.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Lo que ha ocurrido con "La vida ausente" es una vergüenza. La calidad literaria de cada uno se sus relatos me ha amocionado, quizá un poco por darme cuenta de lo que ya hoy parece casi perdido: la buena literatura.
Enhorabuena, Miguel Ángel. Tu blog ha dejado de ser interesante para convertirse en Imprescindible.

Miguel Sanfeliu dijo...

Muy interesante y oportuno. Es bueno mantener un poco la sangre fría ante tanto descubrimiento arrollador. Ahora bien, "Nocilla Dream" es una novela que habría pasado desapercibida si no llega a fijarse en ella la revista Quimera. Es bueno que ciertas iniciativas sean reivindicadas. Tengo el libro a mi vera, esperando también a que termine el que tengo entre manos. Parece ofrecer una propuesta interesante. Veremos. Te hago caso y no me entusiasmo en demasía.
Un abrazo.

Juan Manuel Gil dijo...

amigo, impresionante. me he quedado sin palabras y sin teclas. enhorabuena. y gracias.

thirthe dijo...

te sigo, y tomo nota;-)

Amputaciones dijo...

¿Qué tal este otro blog
http://amputaciones.blogspot.com?

Sergi Bellver dijo...

Todavía me acuerdo de un telediario, aunque de esto ya hace suficientes años como para haber olvidado la cadena, en el que emitieron un reportaje sobre Mañas, como nuevo valor de las letras españolas… Aparecía un tipo bastante guapete, con ojos azul eléctrico, licenciándose en filosofía y jugando al billar, un icono perfectamente asumible por la gran factoría de portadas y otros consumibles. Luego vino Armendáriz con su catapulta de celuloide y rodó el Kronen, y después Mensaka, y… ¿a quién le extrañan esos veinte mil ejemplares? En fin, ya has dejado bastante claro que no siempre se muere de éxito, porque desaparecer de la palestra no es morir en literatura, donde el único estertor que finiquita una vida literaria es haber dejado de inflamarse al escribir, haber dejado de prender algo en el lector. No perdura lo que nunca estuvo en la emoción del que lee.
Sinceramente, cuando comencé a leer el Kronen se me acabaron todas las ganas de repetir con Mañas. Algo más de maña encontré cuando me acerqué a Loriga, otro beau enfant por aquél entonces, lánguido y oscuro como una vigilia neoyorquina, lo bastante sagaz para parecer térrible, y vendible, y suficientemente dotado como para no defraudar del todo al buen lector, a ese a quien la mercadotecnia influye menos que el boca a boca o la intuición. A Pedro Maestre lo pasearon menos por la tele, pero claro, es que no era tan guapito de cara como los otros… Parece que los que escriben bien suelen ser feos, compensaciones extrañas de la vida. Lo parece, pero no es ninguna gilibloguez lo que estoy diciendo, porque la mercadotecnia lo tiene más en cuenta de lo que os imagináis.
Esa crítica a sueldo que necesita encontrarle rentas al amo es lo bastante zafia como para que ese lector no se la tome en serio, pero lo que debería preocupar es que la que se supone alternativa, independiente, adolece muchas veces de agallas y otras tantas exagera… Puede distinguirse a la perfección entre una crítica honesta y fundada, y otra que se arroga esa condición pero (excusata non petitia...) no es más que otra estratagema para medrar y epatar. También en esta “blogosfera”. El sistema está dispuesto a absorber a los críticos “alternativos”, más dispuestos aún a ganarse un puesto en él. Los reconoceréis cuando abusen de la cita, del cultismo, de la demostración innecesaria de conocimientos (diccionario: pedantería), y se preocupen más de su imagen de crítico que del asunto que debiera ocuparles, como un cirujano necio, más pendiente de sus guantes que del libro abierto en canal.
Personalmente, le doy el mismo valor a un texto encuadernado en tapa dura, chirriando en el satinado de las revistas, corredizo aún en papel periódico, o tecleado en bit(ágora)s. Es la palabra la única que ha de contar. Sin ánimo de lubricar vanidades, me tomo con la misma actitud lo que hace Juan Bonilla en El Mundo, por ejemplo, que lo que haces tú en este espacio, Miguel Ángel (en esta última entrada te has superado, conciliando visión, verdad -se respira- y oficio). Y le reservo la misma acritud a una crítica malintencionada e impostada en cualquier revista literaria que a la de cualquier bitácora. Incluso estoy dispuesto a llevarme la contraria, si, como a veces sucede, hay altibajos en una labor y de repente el crítico acierta.
De Agustín Fernández Mallo sólo sabía hasta ahora por sus inteligentes comentarios en la bitácora de Vicente Luís Mora (crítico, por cierto, a veces certero y otras artero), en la que ya nos advirtieron de “Nocilla Dream”. De ese libro aún no puedo opinar, pero sí de cierta sensación indefinible que tuve el otro día echándole un ojo a la revista “Qué leer”, somera y condicionada donde las haya (es otro resorte del grupo, no se olvide). Aparecían en el mismo número (el último) sendas entrevistas a Fernández Mallo y a Almudena Grandes. A la primera remito a los interesados. De la segunda, enmarcar perlas como que no cometería el error de ganar ciertos premios (otorgándose una suerte de noble rebeldía literaria cuando ha catado -y se ha instalado- esos vinos peleones hasta la ebriedad, en un ejercicio atroz de cinismo). Y de repente, se me antoja que lo que a Miguel Ángel le preocupa, precisamente, es que no le pase a Mallo lo que a otros, porque tal vez crea que “Nocilla Dream” no se lo merezca, es decir, que sea mucho más que carnaza para renovar el escaparate, que sea una obra más digna que eso. Veremos. Pero lo cierto es que sólo depende del propio libro, los lectores, y de la vacuna del autor contra las veleidades del éxito. Esta se la supongo, por la materia gris que le asiste.
Para la literatura con fecha de caducidad, nada mejor que los carteles del hipermercado. El consumidor acude a los frigoríficos de la novedad, en los que aún se mantiene fresca la mercancía, y se la lleva a casa habiendo ponderado el precio. Pero la verdadera literatura siempre funciona de otra manera, y en esta prima el valor, y resiste la ventisca del tiempo, anclada a la memoria y la emoción de todo aquél que se haya dejado echar raíces. No importa tanto que “La vida ausente” no esté encontrando el eco que merece en la prensa especializada (ni una mención en la citada revista, por cierto, tan ufana de seguir la actualidad), ni creo (sinceramente, ya que no es eso lo que busca) que le importe mucho al propio Ángel Zapata, hombre generoso y feote como un oso de Yellowstone con forro polar, es decir, un escritor de puta madre. Lo que siempre extendió la llama de la literatura fue el boca a boca entre los amantes (literales o literarios), y no cabe duda que en muchos de los que escribimos desaforadamente y sin usura, esa llama ha prendido intensamente.
Es curioso, a Hipólito García Navarro, el primer relato de ese libro le parecía una nariz picasiana, esto es, una demostración de lo que Zapata podría pintar si quisiera ponerse (aparentemente) realista, y a ti te parece (como a mí) una obra maestra. Pero esta no está completa sin leer después “Mientras dicen adiós”, para mí la verdadera joya de esa obra, por lo que tiene de intencionada, por lo que se adelanta, por lo que desea para la literatura y el mañana. Y es que a Zapata le va a pasar lo mismo, tiempo al tiempo, ya lo veréis, que a Luís Martín-Santos o a George Bataille en el futuro: no se va a comprar un adosado con las ventas, desde el que ponerse estupendo, “rabiosamente rebelde” y asquerosamente cínico, pero los autores del presente y del futuro le van a considerar, sin citarle bastante, y los críticos lo estudiarán, sin comprenderlo del todo.
Los libros sólo suceden de veras, sólo explota su carga de profundidad, en la intimidad de la lectura, todo lo demás es prescindible.
Un fuerte abrazo de quien te lee atento.

Miguel Ángel Muñoz dijo...

Alvy: Esto sigue, evidentemente. No se para la modernidad, ni la historia.

Anónimo: Bienvenido. Gran razón la de tu reflexión. Se avecinan -corrijo, ya están aquí- nuevas formas de narrar, de leer, de recomendar, y los suplementos, a veces, parecen funcionar como esas discográficas que no supieron entender las posibilidades del cd y en ello encontraron el comienzo de su final. Al tiempo.

Gabriel: Amigo Gabriel. Cierto. Los blogs abanderan una defensa de la escritura libre, sin componendas ni ataduras -al menos las comerciales, de grupo, de empresa, porque tienen sus propias servidumbres, claro- y nos permite formar parte de una nueva época, desde la grada, en las mejores butacas. Viendo torear al tiempo que toreando.

Francisco: Me alegra que así te parezca.

Enrique: Como tú dices, también yo cada vez compruebo que un mayor número de mis lecturas están influidas por las recomendaciones de blogs y otras páginas, mientras decrece la influencia de suplementos. Además, alegra encontrar coincidencias paralelas de criterio con amigos de blogs cercanos, ej, el tuyo.

Sr. Curri: Claro que no me importa. Al contrario, te lo agradezco, fue una noche genial. Prueba la Nutella y será como la magdalena de PRoust, un recuerdo nostálgico de tus orígenes almerienses de barrio, que compartimos. Recuerdas el anuncio: leche, cacao, avellanas y...calorías. Nostalgia.

Anónimo: Una vergüenza si miramos hacia un lado de la pantalla, pero si miramos hacia el otro, es un libro, junto a otros pocos, simbólico de una nueva época a la que tenemos la fortuna de asistir.

Miguel: Con gran perspicacia, has calado del todo el comentario. Un abrazo.

Juan Manuel: Pues no te quedes sin teclas, que tus lectores queremos seguir leyéndote...ya.. Un abrazo fuerte.

Thirthe: Besos.

Sergi Bellver dijo...

:-( ¿me pasé? ;-P

Miguel Ángel Muñoz dijo...

Amigo Sergi:
Ya sabes que voy lento respondiendo a los comentarios y esta mañana no pude hacerlo con el tuyo, que por otro lado quería comentar aparte. Quiero agradecerte con abrazo fuerte y apretado de hermano cuentista tu generosidad en tu implacable, lúcido y atinado -sinónimas estas dos últimas palabras, es decir lúcido por partida doble- comentario. De veras que vuestros comentarios, muy sinceramente, cumplen la función impagable de completar las entradas de este blog. El diálogo entre autor y lectores -sean estos también o no autores- adquiere un sentido de construcción de algo, de participación conjunta en algo nuevo. Amén de felicitarte por tu palabro bello y academicable -gilibloguez- tengo que darte la razón en absolutamente todo, incluso en lo que has advertido o querido entender de mi comentario respecto a "Nocilla dream". Efectivamente, el miedo es que autores valiosos que aún no han dado lo mejor de sí mismos se dejen llevar, como Ulises desatados, por cantos de sirenos críticos que acaben arrinconándolos en el lugar donde el autor verdadero nunca debiera estar. Sé que la materia gris se le supone a Mallo, y que él se las basta para saber dónde se mete, pero creo que a muchos otros también les asistía la capacidad de analizar situaciones de las que al final salieron dolidos, dañados, apartados desde el momento en que la crítica o las ventas no supieron qué hacer con ellos.
Por supuesto, no quiero caer en el papanatismo de pensar que toda la crítica es la misma, como todas las editoriales no son las mismas, ni siquiera los autores, pero los mecanismos que mueven a esa crítica, partiendo de sistemas empresariales bien organizados, que imponen sus criterios y directrices -no hace falta que digan a los otros lo que hay que decir para influir negativamente en el contenido de un suplemento de información cultural- sí son constantes y evidentes.
Asistimos y participamos, tú, yo y muchos otros, de una nueva situación, que no beneficiará a los autores en relación con ese sistema editorial -a veces pienso que las editoriales (hablamos de ellas como sistema, sin particularidades) son peores que los críticos, en esa cadena evolutiva de la que los autores somos el último mono- pero que al menos nos está dando voz y oportunidad de decir lo que siempre hemos pensado y hemos tenido que tragar.
El asunto Zapata, sin duda, no tiene que molestarle a él mismo, sino al contrario, afirmarle de que su camino y convicciones se alían con rigurosa congruencia, pero sí debemos significar que pone en cuestión y avergüenza a ese mundo de novedades y críticas al uso que, como tú bien dices, ni siquiera informa de novedades importantes mientras dedica minutos y minutos de "programación" o páginas de "publicación" a libros infumables y a autores con poco que decir.
Esto no tiene que ver nada con el verdadero arte, y por eso comento el sistema, no el estado del arte, pero no seamos ingenuos, SErgi, y no lo somos, ¿verdad?, sabemos que todos aquellos que entiendan la literatura en el contexto valioso y trascendente que siempre tuvo tenemos (me incluyo voluntariamente) hoy poco que decir. A la larga seremos pequeños parias prestigiosos, como mucho. A Mallo le beneficia la conexión de su enfoque literario con la "moda" virtual, bloguera o comoquiera la llamemos, pero hoy en día, si no tienes una novela claramente de género, sentimental, escrita por o para mujeres, y demás zarandajas, o no eres columnista o aledaño de publicaciones de prensa, del nivel que sean, ves tu posibilidad de intervención en el mundo editorial -es decir, de llegar a tus lectores- claramente limitada.
Los autores, ahora, tenemos que enfrentarnos, como ha hecho Zapata, como fue normal durante mucho tiempo, a una grave decisión: ser fieles a nuestro concepto de la literatura, aunque entremos en la cincuentena sin apenas lectores, o... ¿Cuál es el otro camino? Yo no lo conozco. Para mí la literatura siempre estuvo clara.
Como dices, la literatura hoy, no sólo está en los periódicos. En esta red se están haciendo muy buenos comentarios culturales por parte de muchos intervinientes que, por otro lado, no encontrarán nunca su lugar o hueco en el sistema claramente establecido y comercialmente diseñado. Eso no es malo, pienso, puesto que no se trata de pretender la integración en aquello que criticamos, y puede ser positivo si influye de algún modo en una cierta regeneración del periodismo cultural en España, así como en un enfoque más democrático del funcionamiento de nuestras editoriales, que hoy por hoy buscan cualquier cosa, menos lo puramente literario, aunque a veces, es evidente, lo encuentren, casi siempre por casualidad.
Abrazos, SErgi, eres pura generosidad.

Anónimo dijo...

http://www.askmeaskmeaskme.com/thumbs/singles1/william.gif

Anónimo dijo...

No me parece un buen libro, pero comprendo que haya deslumbrado por su estructura, por su novedad en definitiva. Tiene verdadero mérito, pero en mi opinión no ha sabido bien qué hacer con ella, y por tanto, el libro no se logra, lo que se nota en su lectura. Aunque tal vez sea que soy incapaz de "encontrarme" de lleno con un libro que no tenga lo narrativo. Creo que es indispensable, y que el intento narrativo de Nocilla Dream es vacuo, insulso. Son ideillas. Intentos fragmentarios para nada iguales, pero novedosos, y muy logrados, supongo que hay muchos, pero Cela escribió una cercana en ambientación y cuya estructura es novedosa y fragmentaria, aunque no tanto por sus capítulos como por sus frases.
Visítame si quieres en
http://es.shvoong.com/books/1659093-nocilla-dream/
Y recomiendo la crítica de El lamento de Portnoy, así como creo genial el análisis generacional y de la reacción de la crítica que he leído aquí. Será mi impermeabilidad mental, pero la mayor parte de las críticas entusiastas y positivas de este libro me parecen blandas, sin consistencia. Las negativas entran a saco, a fondo, y reconociendo los méritos de esta novela, que los tiene, yo la he leído además, eh?, sacan un trasfondo y temas que la ponen en su sitio. Y es que ese es el problema a mi parecer, que se la ha sacado del sitio que merece.
NEREC