22 septiembre 2006

Eloy Tizón: "Me conmueve saber que todo está condenado a desaparecer".

Hablar de Eloy Tizón (Madrid, 1964), del Eloy Tizón cuentista, es hacerlo de alguien que posee el secreto mágico del lugar en el que se encuentra la máquina formidable que pule y ennoblece las palabras de un cuento. Tizón es, como muy pocos, un visionario, en realidad un investigador de formas, un cronista de la fragilidad humana, un autor que con sólo un libro de relatos, Velocidad de los jardines, alcanzó una atención crítica como nunca se había dispensado en este país a un libro de relatos, pero que lejos de amoldarse a un estilo bucea en sí mismo y en los grandes estilos literarios del cuento para lograr con sus historias algo más, algo diferente, algo que a veces parece una elegía, otras veces un fantástico sueño, siempre un relato que nos anima a quedarnos dentro de él, buceando.


1. Parpadeos, catorce años después del libro de relatos que todo lo pudo y que todo lo fue, Velocidad de los jardines, casi un mito de la literatura contemporánea en español. Varias novelas en este tiempo, pero ¿qué ha sido del Eloy Tizón escritor de relatos durante este tiempo que parecía interminable? ¿Por qué una tan larga espera?

En primer lugar, agradezco muchísimo tus palabras y tu interés por mis libros; creo que es de justicia reconocerlo. En cuanto a la espera, no hay una razón concreta. Durante todos estos años he seguido escribiendo cuentos a mi ritmo, algunos publicados en revistas y antologías, y por tanto en ningún momento me he sentido alejado de un género que quiero mucho. Después de Velocidad…, no me apetecía publicar cualquier cosa, sino algo que en mi opinión mereciese la pena. Eso sí, soy lento escribiendo, y he tardado bastante en armar un libro de cuentos que me convenciese, que no fuera una mera yuxtaposición de textos, sino un volumen más o menos unitario, dentro de su variedad de registros. Y, como tú sabes bien, lograr eso es difícil y requiere su tiempo.

2. El cambio más apreciable de Parpadeos respecto a Velocidad de los jardines, a mi modo de ver, es la utilización de un lenguaje más flexible, menos barroco, pasando el énfasis de tus historias del lenguaje a la estructura, al trabajo magistral del punto de vista en este segundo volumen cuando en aquel primero fue magistral la prosa lírica y evocativa, la concentración poética y narrativa de sus historias, como novelas de diez páginas. ¿Desde qué perspectiva miras ahora el mundo del relato corto?

Tienes razón. Para mí, la prosa es música. La obsesión por el lenguaje sigue presente en mis escritos, aunque con los años ha ido cediendo parte de su protagonismo en beneficio de otros elementos como los que tú señalas. Imagino que se trata de una cuestión de equilibrio; intento escribir cada historia con el lenguaje adecuado que creo que le corresponde, y eso supone ponerme al servicio de la voz. Mi evolución parece ir por el lado del despojamiento y el deseo de trabajar con los elementos mínimos.
Me imagino el cuento como una fruta: un objeto portátil, manejable, que cabe en el bolsillo, pero a la vez jugoso, perfumado, compacto, cargado de nutrientes.

3. En el relato de Velocidad de los jardines, Villa Borghese, escribías: "Era eso, un parpadeo bastaba para aniquilar el mundo. Eva pestañeó, y el mundo continuó intacto". ¿Tus nuevos relatos se afilian a esa vertiente perturbadora y transgresora que contiene el relato como género de un modo discreto, frente a la parafernalia de las técnicas novelísticas, como recordándonos que cada relato es un intento total de profundizar en los misterios del mundo, un intento llamado a fracasar?

Concibo la literatura como el arte de apresar algo de la palpitación del tiempo. No sé por qué, pero siempre, desde que era niño, he sido muy consciente de la fugacidad de las cosas. Me conmueve saber que todo está condenado a desaparecer, a irse para no volver, y pienso que la literatura, al igual que las demás artes, nos brinda la gran oportunidad de salvar algo del desgaste, de dar al menos una pátina de permanencia a lo efímero, y así suspender, siquiera sea por breves instantes, la imposición de las horas con su dictadura de los relojes.

4. ¿Puedes hablarnos de tus autores preferidos de relato corto, y cuáles han influido más en el origen y formación de tu obra?

Hay muchos. Cortázar fue decisivo en su momento como aprendizaje, al igual que otros grandes narradores latinoamericanos (Onetti, Felisberto Hernández), y también he seguido siendo fiel al magisterio de Chéjov, sin olvidar al gran maestro de narradores John Cheever, cuyos cuentos me acompañan desde hace ya bastantes años. He leído y releído con placer y algo de miedo a Kakfa, aunque no tengo claro si he llegado a comprender gran cosa de él. También siento cierta debilidad por otros bichos raros, como Clarice Lispector, Djuna Barnes o Samuel Beckett.


5. Tu relato Austin, de Velocidad de los jardines, protagonizado por un catedrático que deja de entender el mundo –¿un homenaje al filósofo del mismo apellido, maestro de la filosofía del lenguaje?– es un relato de argumento y tono americano escrito con un excepcional estilo europeo, dominado por ensoñaciones y reflejos literarios. Me parece una perfecta síntesis de esas dos escuelas y al tiempo un ejemplo de un paso adelante respecto de la yanqui, tan seguida por la nueva generación española de cuentistas, pero que corre el peligro del amaneramiento, que tu relato es un ejemplo de que puede salvarse. ¿Qué piensas de esa escuela? ¿Escribiste el relato con esa intención?

No sabes cuánto me alegra tu comentario. Eres el primer lector que parece haberse dado cuenta de ello. En efecto, Austin es una especie de road movie a la europea, pero quitando todos los clichés norteamericanos de la narrativa de autopista, y sustituyéndolos por ciertas claves más afines a la sensibilidad de nuestro continente. En lugar de jóvenes rebeldes, hay un profesor jubilado. En vez de narrar una aventura épica de miles de kilómetros, me limito a referir un pequeño traslado nocturno en coche sin rumbo que, más que un desplazamiento físico por el espacio, es sobre todo un desplazamiento espiritual a través del pasado y la memoria, con el vehículo actuando como máquina del tiempo.

6. Escoge tu relato preferido, por el motivo que sea, de cualquiera de tus libros: analízalo, cuéntanos cómo lo creaste, cuánto te llevó, háblanos de él cuanto quieras.

La verdad, no me siento capaz de decantarme por un solo cuento. Una vez publicados, rara vez los releo, por una cuestión de higiene mental y porque me resisto a vivir en el pasado. Así que, más que cuentos completos, recuerdo determinado trozos, alguna frase suelta, alguna imagen que todavía brilla a lo lejos, cada vez más tenue. Intento olvidar sus defectos y centrarme en nuevos retos, en lo que todavía no he escrito. Sí puedo decir que en cada cuento intento dar lo mejor de mí, y que cada uno, a su manera, es único, cuesta mucho esfuerzo escribirlo y responde a un momento concreto e irrepetible de mi existencia. Acertados o fallidos, no reniego de ninguno, aunque sé que podría haberlo hecho mejor si me aplicase más o tuviese más talento.

7. Me apetece darte las gracias por haber escrito el relato Velocidad de los jardines. Uno de los relatos más emocionantes que jamás he leído. Tiene ese aroma cortazariano de cuando Cortázar habla de la juventud, una energía pletórica. Es difícil entender –y mucho más explicar– cómo logras, desde la transparencia y el tono menos elevado posible, comunicar experiencias colectivas que todos hemos vivido. Pero sobre todo, el relato transmite todo eso sin caer en la nostalgia, sino con la inmediatez de lo revivido, como si pudiéramos tocar de nuevo los cabellos perfumados de esas chicas de las que nos enamoramos en clase. Cuando decidiste cerrar con ese relato tu primer libro de relatos, ¿eras consciente de haber escrito uno de los mejores relatos del siglo español?

Te agradezco mucho el cumplido, Miguel Ángel, aunque comprenderás que yo no puedo pensar de ese modo. Si creyera haber escrito una pieza perfecta, definitiva, tendría que retirarme y dejar de escribir, y por ahora prefiero seguir escribiendo. Es cierto que ese cuento, por las razones que sean, toca en muchos lectores una fibra interna que les emociona; me lo dicen a menudo y es algo que me alegra, claro está. Recuerdo que lo escribí poco antes de marcharme de casa de mis padres, de clausurar una etapa importante de mi vida y abrir otra, y ese aire de despedida, de cierre, se filtra en todo el relato. La verdad es que lo escribí como en trance, de una manera sonámbula, aunque el tema me perseguía desde hacía mucho tiempo. Sólo estuve en condiciones de abordarlo cuando me sentí seguro del tono, de la voz, algo que para mí es crucial. Recuerdo con claridad la mañana de primavera en que terminé de escribirlo, cerca del mediodía, solo en casa; sentí una plenitud muy satisfactoria, como diciendo: "Bueno, aunque no vuelva a escribir nada que merezca la pena, al menos siempre me quedará el consuelo de haber escrito esto.”


8. "El siglo incubaba extraños huevos. Víctor se representó a Sonia muerta y la sacudida fue tal que tuvo que ir a la cocina a beber no menos de dos vasos de agua." Es un fragmento de tu relato La vida intermitente. En él muestras uno de esos fogonazos siniestros que gozosamente has investigado en los relatos de Parpadeos. Los invasores es modélico al respecto, un relato claramente gótico que acuesta a Cortázar y a Henry James en una ancha cama matrimonial, para darnos una criatura fascinante, clásica pero al tiempo perturbadora, llena de huecos.

¿Eso lo he escrito yo? No suena mal. Me gustan las mezclas y los contrastes, sí. No sé por qué, pero pensamos de repente en la muerte en medio de un carnaval y nos acordamos de un chiste durante un velatorio. Todo eso es muy humano e inevitable. Nuestra mente funciona así, o por lo menos la mía, y en lo esencial no me creo diferente de los demás. Supongo que en mí conviven ambos impulsos contradictorios: el deseo de elevación y el deseo de caída, lo bello y lo siniestro (para decirlo en palabras de Eugenio Trías), y que eso queda reflejado en textos como los que tú indicas, y en otros, mediante pequeñas ráfagas que rompen el tono, cambian el ritmo e introducen en la prosa un cierto vértigo desestabilizador.

9. Destácanos algunos libros de relatos de este comienzo de milenio que te parezcan sobresalientes.

Me siento cercano a autores como Luis Magrinyà (Los aéreos), Carlos Castán (Frío de vivir), Ángel Zapata (La vida ausente) o Mercedes Cebrián (El malestar al alcance de todos), entre otros.

10. En Pájaro llanto, el primer relato de Parpadeos, das una magnífica definición de relato. "Desde aquí veo la sombra elástica de una acacia, pero no veo la acacia." ¿La sombra, el hueco –ejemplar tu Teoría del hueco al respecto– el equilibrio, la ausencia, sirven para definir mejor el artefacto llamado relato?

Trabajar con el silencio, con lo no dicho, con las ausencias, con los espacios en blanco: eso es clave para mí. Respetar el misterio sagrado de la existencia, dejarlo respirar, cobijarlo en el texto sin ceder a la tentación barata de explicarlo, de “solucionarlo”, como sí ocurre en las novelas policíacas. No manosearlo. Aprender a convivir día y noche con el enigma sin pretender resolverlo.

11. Uno de los elementos definitorios de tu estilo es esa delicada atención a los detalles frágiles de la existencia, a esos empujones que pueden conducir a los personajes al caos, y la repentina caída en aspectos tenebrosos, oscuros, distorsionadores, o angustiosos. Ejemplo de ello sería Palabras textuales, Teoría del hueco, Austin, pero también un tono que recorre muchas de tus historias. ¿Qué piensas al respecto?

Eso corresponde a mi yo oscuro, que también lo tengo. El mal existe, de eso no hay duda, y además está muy cerca. He podido notar su aliento en la nuca en distintas ocasiones. Dado que la existencia no es uniforme ni plana, la literatura tampoco debería serlo. Intento abrir mis textos a diferentes tonos, texturas, aromas y sabores, por extraños que parezcan, y considero que resulta enriquecedor que en una misma pieza coexistan el humor y la tristeza, la ternura y la desolación, lo luminoso y lo nocturno, las flores y la basura.

12. Háblanos de algún relato que en un momento de tu vida te perturbara o impresionara por algún motivo especial, con el que vivieras una de esas epifanías que tanto nos gustan a los escritores.

Soy muy cinéfilo, y frente a la pantalla de cine he vivido experiencias memorables, o epifanías, como tú las llamas, que ya casi (o sin casi) he incorporado a mi vida. Las últimas se las debo al director asiático Wong Kar-Wai, cuya obra me emociona. La muerte del replicante en Blade Runner (“He visto cosas que vosotros no creeríais.”) y la resurrección milagrosa de Ordet. Una bolsa de plástico flotando en American Beauty y el parlamento que la acompaña: “Hay tanta belleza en el mundo que a veces siento que mi corazón no podrá soportarlo y estallará.” Etcétera.

13. Parpadeos es el relato que cierra tu último libro. Es un relato que me encanta. Una historia de fantasmas sólo en apariencia. En realidad es un paseo por la soledad del alma humana, por nuestra necesidad de reconocimiento, por el valor de la amistad, por los años y la muerte caminando en compañía inseparable y llevándose a los seres queridos, y se aprecia como cierta elegía literaria en esa historia del escritor que intenta publicar su primer libro de relatos y se halla encadenado a un fantasma lejano con las iniciales J.H., Jeremías Hünerberg. ¿Hacia dónde mira en adelante Eloy Tizón, alter ego del protagonista de ese relato, que se queda esperando en un paso subterráneo madrileño el regreso del fantasma entrevisto?

En mi opinión, ese cuento constituye el cierre más adecuado del libro, ya que de alguna manera es el que mejor sintetiza su espíritu. Me alegra que te guste. Suele resultar complicado (al menos a mí) trabajar con elementos autobiográficos tan directos, es difícil encontrar la manera de elevarlos del suelo hasta que adquieren trascendencia literaria, o como mínimo una dosis de magia. Ahora, si me preguntas por el futuro, no sé bien qué responderte. Hasta ahora, siempre he trabajado bastante a ciegas, guiado por la intuición, y sin un plan predeterminado a largo plazo. Vivo más bien el presente, atento al día a día, y procuro no plantearme metas demasiado lejanas, o inalcanzables, para no angustiarme más de lo imprescindible. Así que desconozco por completo cuál será mi futuro, aunque tengo intención de continuar escribiendo, eso sí puedo afirmarlo, pues el deseo sigue estando tan vivo como al principio, en la adolescencia, cuando la literatura no era más que un sueño descabellado.

14. Desde que publicaste La voz cantante, número 361 en el catálogo de narrativas hispánicas de la editorial Anagrama, hasta este Parpadeos, que ha hecho el 396, la editorial sólo ha publicado un libro de relatos de un autor español, En jaque, de Berta Marsé. Teniendo en cuenta que hablamos de una editorial de tradición arriesgada y que ha descubierto a tantos nuevos autores importantes –entre ellos tú–, ¿no representa esa anécdota un símbolo representativo de la falta de respeto y definitiva claudicación de gran parte de la edición española hacia el relato corto?

Esa pregunta deberías trasladársela al editor, que seguro que tiene sus buenas razones para actuar como actúa. Resulta evidente que el catálogo de Anagrama habla por sí solo, sin necesidad de que nadie, y menos yo, salga a defenderlo a estas alturas. Las cosas cambian, los intereses evolucionan, las inquietudes se transforman. Y aunque es cierto que la atención prestada al cuento en nuestro país en general deja mucho que desear, por fortuna en los últimos años han surgido iniciativas jóvenes llenas de brío y coraje, como Páginas de Espuma, de Juan Casamayor, que va camino de convertirse, si no lo es ya, en una contraseña ineludible y en la editorial de referencia con respecto al cuento en nuestro idioma. Este blog tuyo, sin ir más lejos, me parece una iniciativa digna de aplauso. Hay indicios esperanzadores, por tanto, para no caer en un excesivo desaliento.

15. Y para acabar, Eloy, indícanos algún escritor actual que a tu juicio esté infravalorado y otro que, también a tu libre juicio, esté sobrevalorado.

Me pones en un compromiso. En cuanto a autores sobrevalorados, prefiero no citar nombres, por aquello de no dar más publicidad a quien menos lo merece, pero creo que basta con echar un vistazo a la lista de títulos más vendidos que algunos suplementos siguen empeñados en publicar, para tropezarnos con bastantes autores que según mi parecer son totalmente superfluos.
En el otro extremo, hay un autor español al que considero muy valioso, y es Juan Eduardo Zúñiga; creo que es un escritor más que recomendable, al margen del mercado, que no ha recibido aún todo el reconocimiento que se merece por el minucioso, exigente y sutil magnetismo que su obra ejerce.

17 comentarios:

Francisco Ortiz dijo...

Valiosa entrevista. La respuesta a la pregunta 10, para copiar y poner en un tablón. Me sumo a la reivindicación de la obra de Zúñiga, uno de los verdaderos maestros de la literatura española.

M dijo...

Yo encontré mi afinidad y mi admiración más incendiada por velocidad en los jardines en la segunda lectura. Por cierto, que lo tengo prestado y no me puedo permitir no recuperarlo, a tenor de todo lo que me ha influido a la hora de escribir cuentos. Es una biblia cuentística.
Y luego encima conocí a Eloy en persona y, además de ser un escritor como la copa de un pino, es un tipo altamente agradable y divertido.

Fantástica entrevista, Miguel Ángel.

solodelibros dijo...

Sólo he leído "Parpadeos" y me pareció sobresaliente; aunque no me importa reconocer que no es el estilo que más me gusta, lo cierto es que necesito una segunda lectura para aprenhenderlo cómo se merece.
Excelente entrevista. Cada día da mayor satisfacción entrar en tu blog. Felicidades.

Alvy Singer dijo...

Suscribo lo quei dice M: fantástica entrevista y reivindico desde ya a Zapata del que hoy he enlazado un cuento.

¡Aún no he leído a Tizón!

Gabriel Báñez dijo...

Gracias por esta Velocidad de Eloy Tizón. Ya lo estoy buscando, excelente el texto que bajaste.

Vorleser dijo...

En cuanto he visto el título de tu bitácora, me he apresurado a investigar, pues Chéjov es uno de mis más admirados escritores. No me ha defraudado en absoluto la visita, y lo que más me va a motivar para regresar, sin duda, es la posibilidad de seguir aprendiendo, pues reconozco que no estoy muy al día en cuanto a lo que se hace hoy en día en España con el relato breve, o cuento. Y tu página parece ser un sitio estupendo para actualizar mi panorama.
Voy a tomarme el tiempo de seguir descubriendo a otros autores a través tuyo, y a ti mismo, por lo que te enlazo en mi página gustosamente.
Saludos

Juan Manuel Gil dijo...

Enhorabuena por la entrevista. Clarificadora.

Enrique Ortiz dijo...

Qué lujo, Miguel Angel, para el comienzo de este domingo. Tu blog se está convirtiendo en un referente de la narrativa corta. Además, la mención de Frío de vivir, de Castán, me parece perfecta. Hacía años que nadie lo mencionaba. Enhorabuena por la entrevista. Un abrazo fuerte.

Heriberto dijo...

Miguel Angel: gracias por ponerme en contacto con este autor al que no conocía, me has motivado ha buscar sus libros. Por cierto , el otro día en mi blog me recomendaste Sigfrido de Mulisch, como un hallazgo feliz e inesperado le encontré ayer en mi biblioteca,con la etiqueta de El palacio del libro de la Gran Vía aún pegada, voy a empezar pronto con él. Saludos desde el trópico.

Miguel Ángel Muñoz dijo...

Francisco: Zúñiga es uno de los grandes en el relato corto, y con mayúsculas.

M: Gracias;M. Un saludo fuerte.

Solodelibros: Tizón a veces, es cierto, necesita una segunda lectura para atrapar todos sus significados. Un abrazo.

Alvy: Pues ¿a qué espera usted para hacerlo? Tizón le está esperando. Repita en voz baja, velocidad de los jardines. Ahora susúrrelo, ¿no siente ganas de tener ese libro y leerlo? Un abrazo.

Gabriel: Un abrazo, Gabriel.

Vorleser: Un saludo de bienvenida, y ánimo con tu nuevo blog, que estoy seguro será muy interesante.

Juan Manuel: Me alegra que te haya gustado. Abrazo.

Enrique: Pues muchas gracias por el piropo. Te recuerdo que de Frío de vivir, un libro maravilloso no se seleccionó ningún texto este agosto en el blog, pero sí de Silencio tan de Silvia, del otro libro de relatos de Castán.

Heriberto: Pues mucha alegría, vas a leer una obra maestra denuestro tiempo, incomprensiblemente ninguneada hace unos años en España cuando se publicó hace unos pocos años. Mulisch es uno de los grandes, de los más grandes, como tú mismo defendías en tu blog.

melani dijo...

Hola Miguel Ángel. Acabo de leer tu entrevista a Ignacio Ferrando. Me podrías decir, por favor, de qué libro de Cortázar proviene la cita de la frase "ceremonias de interior"?
Gracias.

Miguel Ángel Muñoz dijo...

"Ceremonias" fue el título de una recopilación de sus relatos, publicada por Cortázar en 1968, y que recogía relatos de "Las armas secretas" y "Final del juego".
Gracias por tu visita y lectura.

Melani dijo...

Gracias por la respuesta. Pero todavía me quedo con la duda. El título de esta recopilación es Ceremonias. De dónde proviene la frase "ceremonias de interior"? Es de algun relato que se incluye en la recopilación de Cortázar, o es simplemente el título que adoptó Ignacio Ferrando?
Perdona la insistencia, pero como vivo en Grecia, no puedo encontrar todas las obras de Cortázar facilmente, ni siquiera en bibliotecas. Y esta recopilación parece que no es de las más conocidas.
Gracias por tu paciencia.

Miguel Ángel Muñoz dijo...

Salvo error mío, creo que es un homenaje a Cortázar que añade a Ceremonias la alusión a la intimidad en que se desarrollan la mayoría de estas historias de Ferrando.

De hecho, Melani, creo que el libro Ceremonias es una antología hecha por Cortázar sobre su propia obra para el mercado hispano, por eso es difícil que esté editado por allá.
Por cierto, una amiga me regalo alguna edición de Cortázar y Sábato en griego que conservo con mucho cariño.
Un abrazo.

Lau dijo...

Onetti tiene un decálogo, así como Quiroga, donde aconseja no limitarse a leer los libros ya consagrados (dice que Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz y hoy son genios).

Aunque no creo en decálogos y además no soy escritora, últimamente pensé en esto porque Jorge Lafforgue defendió a Quiroga cuando los estudiosos lo consideraban un escritor menor y la semana pasada me encontré al mismo Lafforgue apostando por un escritor nuevo... y en mi cabecita empezaron a pasar cosas.

O sea que el tipo, con una trayectoria de medio siglo, no tiene miedo en decir lo que piensa y levanta a un escritor que hasta ahora solamente ha publicado un libro.

Yo me hice con el libro y lo leí porque si para Lafforgue es bueno debe ser bueno y pensé después de leerlos que sí, que es bueno, pero que no sé si yo sola me hubiese animado a decirlo sin la autoridad de un groso que me abra la puerta antes. Y esto me dejó pensando.

Lo que quiero decir es cómo yo que no tengo ningún prestigio para perder nunca me animé a levantar a alguien que nadie haya consagrado antes. Ya sé que no me puedo comparar con Lafforgue que soy una lectora casi del montón, pero justamente por eso ¡¡¡¿por qué tenerle miedo a equivocarse?!!!

Bueno... que por todo esto abrí un blog en http://misescritorespreferidos.blogspot.com con la idea de que la gente haga conocer a sus buenos escritores en las sombras, para que los compartamos y encontremos a los futuros Quirogas, Onettis, Cortázares y Borges por nosotros mismos. ¿Demasiado delirante? No será la primera vez que me lo dicen pero quiero hacerlo y creo que está bien que lo hagamos.

Ojalá visiten el blog y opinen algo al respecto. Gracias.

Lau.

Pat Rizia dijo...

estupenda entrevista, Miguel Ángel, bravo por los dos, menudo ten con ten...

Anónimo dijo...

No estoy seguro, pero el fragmento del que habla Tizón sobre la muerte del replicante en Blade Runner parece haberle servido para su cuento Los puntos cardinales (en Velocidad de los jardines). La voz, que tan importante es para Tizón, de ambos textos es muy parecida. Los adjunto a continuación:

- Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

- Soy un viajante de comercio taciturno. En treinta años de profesión he visto: quemarse un río, dos guerras, un eclipse parcial de luna, una rosa azul, una mano sin uñas en el borde de un sendero, como suelo decir yo qué no habré visto. [...]

Sin dudar, me quedo con Tizón.

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Felicidades, Miguel Ángel, por esta web maravillosa.